Jóvenes reciben libros por la cultura y la paz

Jóvenes presentes en el encuentro “Por la cultura venezolana” celebrado este domingo 25 de enero en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda recibieron libros gratuitos de la Colección “25 para el 25”, en medio de una jornada movida por la unidad patriótica y defensa de la identidad nacional en apoyo al presidente Nicolás Maduro y su esposa, la primera dama Cilia Flores, secuestrados por el gobierno imperialista de los EE. UU.

Se trata de libros de la colección del Fondo de Cultura Económica (FCE) de México con autores del Boom latinoamericano que distribuye gratuitamente en todo el país el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC), a través del Centro Nacional del Libro (Cenal) y con la participación de Monte Ávila Editores Latinoamericana y Librerías del Sur, como una iniciativa editorial continental que busca acercar a la juventud de la región a sus historias y sus luchas.

En el encuentro “Por la cultura venezolana”, a cargo de los ministerios del Poder Popular para el Deporte, la Juventud y la Cultura, bajo el lema “Nuestra cultura es la paz”, se distribuyeron entre jóvenes de 15 a 30 años ejemplares de ocho títulos de la colección, conformada en total por 27 obras.

Son 200 mil ejemplares de la colección que el MPPC distribuirá en Venezuela durante el transcurso de 2026 en sedes de Librerías del Sur, espacios culturales, centros educativos, circuitos comunales y otros puntos de distribución.

Una forma de ser libres

En el marco de la entrega de libros “25 para el 25” en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, el viceministro de Fomento para la Economía Cultural del MPPC y presidente del Centro Nacional del Libro (Cenal), Raúl Cazal, señaló que la lectura es una forma de ser libres y que con esta iniciativa del FCE, en la que se han unido diversas editoriales de la región, se busca “fortalecer nuestro imaginario literario”.

“Por toda esta convicción que nosotros tenemos sobre por qué leer, estamos aquí con los jóvenes apoyando a nuestro presidente Nicolás Maduro, secuestrado junto a su esposa, la Primera Dama Cilia Flores, por el gobierno imperialista de los EE. UU.; él estuvo muy interesado en que los jóvenes leyeran y estuvieran formados, y hoy estamos aquí en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda para ofrecerles una nueva forma de ver la vida; esta es una forma de ser libres”.

La jornada estuvo marcada por una diversidad de actividades para niños, niñas, jóvenes y adultos, quienes pudieron disfrutar con el tricolor como protagonista no solo de la entrega de libros sino también de música, canto, bailes y otras manifestaciones artísticas.

Los delirios del Hay Festival

La escritora colombiana Laura Restrepo renunció a participar en el Hay Festival 2026 de Cartagena a mediados de diciembre de 2025 por una cuestión de principios. Lo hizo porque invitaron para la recepción principal a María Corina Machado —que no es escritora ni mucho menos una pensadora—, quien había solicitado la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. Para la autora de Delirio esto es inadmisible, puesto que la soberanía es inviolable. Otros dos escritores también hicieron pública su renuncia a participar por similares motivos, el colombiano Giuseppe Caputo y la dominicana Mikaelah Drullard.

Los organizadores del Hay Festival dijeron que ellos no tomaban partido y que ese era un espacio para el debate. Sin embargo, queda claro que no hay imparcialidad cuando la actividad preparada para Machado se llama “La voz de la esperanza”. 

“Dime tú —reflexiona Restrepo en conversación con Juan David Correa— si a uno de los chavistas le hubieran dado en el Hay un espacio para que hablara, a Diosdado Cabello o a algún otro, que se llamara «La voz de la esperanza»”.

Afirmó que no era tan sencillo sentarse a escuchar a Machado “cómo era bueno que el señor Trump invadiera nuestros países”. Para Restrepo esto “no es digno”. Tampoco para quienes creemos en la soberanía y la independencia.

Nada de esto que ha sucedido con el Hay Festival es nuevo. A finales del siglo XX apareció el libro La CIA y la guerra fría cultural, de la periodista e historiadora británica Frances Stonor Saunders, una investigación exhaustiva que revela cómo la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) realizó acciones encubiertas y de propaganda para promover la cultura y el pensamiento liberal —también conservador— a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Financiaron organizaciones culturales, periódicos y revistas —inclusive algunas de izquierda con posiciones críticas a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). 

Para EEUU no solo las embajadas y consulados son sus territorios en el mundo. También sus empresas y fundaciones establecidas en otras latitudes son consideradas territorio del imperio estadounidense.

La transparencia del origen de los fondos que recibe el Hay Festival son dudosos, ya que no son públicos, sugiriendo que provienen de los boletos y la asistencia a las actividades “culturales” que ofrecen. Una consulta por internet reporta que reciben patrocinio de Ford Foundation, Open Society Foudations (George Soros), entre otros, y de embajadas “aliadas tradicionales”: Reino Unido, EEUU, Alemania y Francia.

No es necesario acusar a nadie de ser agentes del Imperio. A veces ni siquiera tienen que recibir órdenes, ya que estas son tácitas. Quienes dirigen el Hay Festival están en sintonía con toda la propaganda que ha promovido el Imperio estadounidense bajo los slogans de “esperanza”, “libertad” y “democracia”.

También son sus aliados —patrocinadores— los medios de comunicación de Colombia y estos necesitan hacer de una opinión una noticia. En este caso, la de su candidata guerrerista y entreguista de la soberanía. No para llevar la contraria, sino para fortalecer el discurso que es diseccionado desde los medios hegemónicos.

La literatura pasa a un segundo e, incluso, último plano. Algunos escritores que decidieron mantener su participación en el Hay Festival seguramente sopesaron su decisión, puesto que está en juego el mercado editorial en donde tienen que sobrevivir. Las posturas de Restrepo y Drullard las mantienen con dignidad y argumentos que tienen que ver con principios que son inclaudicables. No andan arrodillándose ante el imperio. Sus obras y posiciones políticas son senderos que se bifurcan.

Algunos desconocen la propaganda encubierta o se hacen la vista gorda. También hay quienes le hacen el juego al imperio estadounidense como acólitos disciplinados sin ningún rubor. Las bombas que lanzaron sobre Caracas y la muerte de más de un centenar de personas para secuestrar al Presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores son daños colaterales. Mantenerse entonces en el Hay Festival es más que un delirio.

Para Laura Restrepo no Hay Festival

Laura Restrepo, la conocida novelista colombiana, y al menos otros dos escritores se han negado a asistir al Hay Festival para no coincidir allí con María Corina Machado. No han querido, dicho en pocas palabras, compartir con el fascismo.

Ya sabemos que eso de ser apolítico es una falacia, pero en el caso de los escritores declararse neutral es doblemente falso.

Cuentan que alguien le preguntó a Jorge Luis Borges qué pensaba de la literatura comprometida.

—Pues que se case —-dicen que respondió.

Sea cierta o falsa la anécdota, lo cierto es que no se habla mucho en estos días de ese asunto de la literatura y su compromiso social. Lo que en otros tiempos fue una discusión que involucró a escritores de la talla de Charles Dickens, Jean Paul Sartre y Bertolt Brecht, por solo nombrar a tres, se subsume en nuestro tiempo en la apuesta individual de cada escritor, sin que se genere con ello directriz o teoría alguna.

Puede afirmarse, sin embargo, que el compromiso social del escritor sigue siendo una fuerza activa en la literatura, aunque ya no se considere  un hecho ineludible en la obra literaria. En esencia, se refleja con ese postulado la convicción de que la palabra escrita puede ser un espacio de resistencia y transformación, al vincular lo artístico con la responsabilidad hacia todo el género humano.

Pero, si todo lo anterior se refiere a la obra escrita, ¿qué sucede con el escritor como ente social?

Ese es otro asunto.

Y aquí entra el tema central de esta nota, la negativa de Laura Restrepo a asistir al Hay Festival, en Cartagena de Indias, en rechazo a la presencia  de María Corina Machado.

Con un poco de buena voluntad uno puede creerles a los organizadores del Festival el propósito de ser una especie de terreno neutral para la discusión de ideas y posturas ideológicas.

Con buena voluntad, digo, porque, como respuesta a una consulta, dos sitios diferentes de inteligencia artificial se vieron en riesgo de quemar chips y fusibles para identificar, de entre los casi doscientos invitados a la edición de este año, un grupo de no más de seis participantes quienes, por sus declaraciones y actuaciones públicas, pudieron ser identificados como de izquierda.

Pero dado que quien esto escribe está convencido de que la Inteligencia artificial es bastante ignorante y tiene una manifiesta inclinación a errar y a mentir, vale la pena intentar valorar la neutral postura política de los organizadores del Hay Festival de otro modo.

Según  el programa del evento, que ya se puede consultar en internet, la señora Machado, de quien inocentemente se  dice que está “liderando el movimiento democrático” en Venezuela,

 participará “en forma digital” en una conversación con ese epítome del equilibrio periodístico y hombre sin posiciones tomadas que se llama Moisés Naím. A esa conversación seguirá —copio textualmente— “un debate de 40 minutos sobre la situación actual de Venezuela y en la región y sus posibles escenarios futuros, con la participación de: Luz Mely Reyes, Javier Lafuente y otros periodistas claves conocedores de la realidad del país. El debate será moderado por Moisés Naím.”

Reyes es la directora de Efecto Cocuyo, un informativo digital abiertamente opositor, y Lafuente trabaja en ese ejemplo de periodismo imparcial que es El País de España.

La propia escritora colombiana, cuestionando la supuesta neutralidad del festival, informó que  la intervención de la señora Machado se titularía “La voz de la esperanza”.

Y uno se pregunta: ¿debate? ¿Esa cosa que  el diccionario dice que es igual a controversia, polémica, discusión y disputa? ¿Con quien debatirá esa gente, que en el mejor de los casos se esforzará por usar diferentes palabras para expresar lo mismo en contra de Venezuela? ¿Quien encarna en ese panel la voz discordante capaz de aportar otra perspectiva?

Francamente, no creo que Laura Restrepo necesitara comprobar hasta dónde es falsa la supuesta neutralidad del Hay Festival para tomar la decisión de no asistir.

Para una escritora cuyo compromiso político se manifiesta con igual fuerza en su obra literaria y su trayectoria personal, era suficiente con sopesar, en su justa dimensión, los recurrentes llamados de la señora Machado a la intervención militar extranjera en su propio país que, dolorosamente, se concretó a escasas dos semanas de su decisión de no asistir a Cartagena.