Activados grupos de lectura en apoyo al presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores

Como un acto de conciencia política y compromiso patrio para enfrentar la injerencia extranjera y exigir la devolución del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, secuestrados por el gobierno imperialista de EE. UU., se activaron grupos de lectura en las 22 salas de Autogobierno Popular y Comunal del municipio Cristóbal Rojas del estado Miranda.

Miembros de los consejos comunales y la comunidad organizada se sumaron a estos círculos de lectura para analizar y debatir dos obras fundamentales que contextualizan la realidad geopolítica actual: La Doctrina Monroe contra América Latina y el Caribe (1823-2023) y La Batalla de Ayacucho, editados por Monte Ávila Editores Latinoamericana y El Perro y la Rana para la Comisión Presidencial para la Conmemoración del Bicentenario, respectivamente.

El primero reúne quince ensayos compilados por investigador cubano Carlos Oliva Campos que recorren doscientos años de invasiones, injerencias y agresiones de Estados Unidos hacia las naciones del sur de sus fronteras, luego de sus procesos de independencia.

El segundo título, que integra la Colección Bicentenario de Ayacucho, nos recuerda con una recopilación de cuadros realizada por Manuel Landaeta Rosales, como ofrenda al primer centenario del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre (1795), la batalla que decidió la independencia del Bajo y Alto Perú, y que selló la libertad de Suramérica, librada el 9 de diciembre de 1824.

La lectura y análisis de estos textos, promovida por la alcaldía del municipio Cristóbal Rojas y el Centro Nacional del Libro (Cenal), ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC), permitió a los asistentes profundizar en la historia de resistencia del continente y denunciar ante el mundo el secuestro del Presidente de la República, Nicolás Maduro Moros, y la primera dama, Cilia Flores, hoy prisioneros de guerra, así como reafirmar la defensa de la soberanía nacional y el derecho a un futuro de paz.

La novela en torno a la vida

Las redes sociales están inundadas de mensajes sin orden ni pertinencia aparente, puesto que de alguna manera el algoritmo los organiza de acuerdo a gustos y tendencias. Aparecen mezclados los personales con los políticos y comerciales, que luego pasan a ser personales. La información está manoseada por la opinión. Sin embargo, el asunto es el destino de los mensajes que cuentan las vidas de esas personas.

Viaje en torno de mi cráneo (2007) es el más célebre de los libros del escritor húngaro Frigyes Karinthy. Aunque ha publicado novelas y cuentos, esta crónica se puede leer como una novela porque detalla un momento de su vida y de quienes lo rodearon una vez que encontraron un tumor en su cabeza en 1934. El libro lo dedica “por encima de todos los mitos y leyendas […] a la ciencia auténtica y noble, que jamás ha sido tan intolerante con la superstición como la superstición ha sido con ella”. 

El prologuista de la edición argentina, Juan Forn, detalla dos años después de publicado el libro, Karinthy cayó “muerto de golpe mientras se ataba los cordones de sus zapatos, a pocos meses de que Hitler invadiera Polonia y empezara la Segunda Guerra Mundial”.

Esta segunda versión en castellano tiene por título Viaje alrededor de mi cráneo (Tusquets, 2017), de la que podríamos hacer largas disertaciones en contraste con la española, pero eso se lo dejamos a los lingüistas. El libro apareció originalmente en 1937, en Hungría. De la lectura se desprende que los textos fueron publicados en la prensa porque, a excepción de un capítulo, todos guardan la misma extensión. Fue la forma de retribuir a los lectores preocupados que habían aportado para financiar su operación.

Karinthy consideraba que todo lo que escribía de alguna manera formaba parte de su vida. Entre sus páginas se puede constatar que una frase que se cree es de “El Padrino”, en Budapest parece que era una expresión corriente: “No acepto un no por respuesta”.

En su crónica aporta consejos para la escritura: “Un escritor progresista y potente debe emplear palabras enérgicas, no es época para complacerse en morbosidades, a la manera de los cándidos y blandos impresionistas de antes de 1914. El arte no es un estado relativamente enfermizo: al contrario, es más bien una salud especial y superior”.

Le preocupa la verdad, pero la realidad se impone, aunque sea difícil comprenderla. La historia está determinada por cómo se escribe, así sea sobre su propia vida: “Antes de que el escritor acostumbrado a inventar distorsione la realidad en nombre de la composición y de la política de los efectos, creyendo en su orgullo ciego que hay situaciones en las que se debe dar preferencia al interés artístico por encima de la pura verdad, debo decir que la realidad como género literario no necesita, ni en la exposición ni en la composición, de las correcciones del artista, por la sencilla razón de que ella misma va componiendo y agrupando los hechos a su manera”.

Leyó con fruición estudios científicos que luego tuvieron que ver con los síntomas que padecía y por ello estaba consciente de su destino. Es una historia que, a la luz de los acontecimientos recientes en nuestra Patria, nos permite afirmar que estuvimos más conscientes desde que Hugo Chávez fue derrocado en 2002. La barbarie se ha desatado por las riquezas minerales, naturales, pero sobre todo por el “excremento del diablo”, el petróleo.

El Presidente Nicolás Maduro conocía su destino personal y el de Venezuela. Una vez secuestrado y en “las entrañas del monstruo”, como dijera José Martí, aparece ante el mundo con coraje y dignidad. 

Nicolás o “Nico”, como lo llama cariñosamente el pueblo, hizo énfasis en los misiles del imperio que habían caído antes del 3 de enero, deformando realidades, imponiendo fake news que las redes sociales difundieron junto con los medios de comunicación hegemónicos. La guerra es total, como hace 200 años, dos mil, siempre. El imperio deshumaniza a quien luego masacra. Nada ha cambiado.

Viaje en torno a mi cráneo es sobre la vida de un hombre. Pero este artículo está unido al pueblo que desde cualquier rincón de Venezuela y el mundo pide la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Primer viaje por mar

“Esta travesía será, a la edad de cuarenta y nueve años, mi primer viaje por mar.”

Así termina Viaje alrededor de mi cráneo, del escritor húngaro Frigyes Karinthy.

Se dice que una de las tareas más complejas que enfrentan los novelistas es la elección de las primeras frases de su obra. De esas líneas iniciales cuelga el anzuelo que morderá el lector para que ya no pueda evadirse del resto de la historia. No es el caso de Karinthy, pues el primer párrafo de su novela equivale poco menos que a un “érase una vez”.

De otro lado, un tumor cerebral y la inminencia de su propia muerte, -o las remotas posibilidades de sobrevivir- se le habrán antojado como suficiente “gancho” para que cualquier lector que se asomase a su relato fuese incapaz de soltar el libro. Y tenía razón: la enfermedad ajena es siempre un poco la nuestra, de la que, hasta el momento de leer, hemos tenido la suerte de escapar. Se trata entonces de un libro cuya lectura requiere, mucho más que otras historias, identificarse con ese narrador que cuenta, con angustiante desparpajo, la inesperada cercanía de la muerte.

La última frase, en cambio, ese primer viaje por mar, cierra el relato con una inesperada carga de simbolismos. No concluye una peripecia, sino que abre la puerta, en simultáneo, a revalorizar la íntima travesía que se acaba de relatar y la esperanza de un futuro que espejea sobre la superficie del agua.

Al cierre de Viaje alrededor de mi cráneo, el mar no es un simple telón de fondo geográfico, sino la culminación de un denso entramado simbólico en el que confluyen la muerte, la vida y la poco usual experiencia de ir narrando, a medida que sucede, una serie de acontecimientos en los que está en riesgo la propia existencia de la voz que narra. Se trata, a la vez, de la conclusión de un viaje físico y de la metáfora del renacimiento.

Terminar el viaje en el mar, cuando se ha pasado unas ciento cincuenta páginas en otro viaje que describe el revoloteo médico alrededor de su cráneo, y el incontrolable devaneo de la propia imaginación enfrentada a lo inescrutable, adquiere un valor simbólico que ni siquiera la metáfora parece poder abarcar en toda su extensión.

Viaje alrededor de mi craneo es un relato de autoficción, pero una autoficción en la que el narrador no parece tener autonomía a la hora de ordenar los hechos que recuerda regidos más por la literatura que por la realidad.

“En el curso de este relato -dice Karinthy- me ha ocurrido más de una vez que quería alterar el orden de mis recuerdos para situar cierto episodio o reflexión uno o dos días antes o después, entre reminiscencias en cuya compañía quedarían más en relieve, se harían más comprensibles o simbólicas. Pero tuve que reconocer a mi pesar que en este relato es imposible desplazar el más pequeño eslabón. Así produce mayor efecto: tal como ocurrió en la realidad, no del modo en que hubiera podido ocurrir.”

Karinthy refuerza de ese modo el carácter biográfico, y por ende auténtico, de lo que cuenta. La realidad no solo es más fuerte que la ficción, sino que parece tener también mejores recursos a la hora de expresarse.

Pero no hay que dejarse engañar. Como buen escritor, y además humorista, Karinthy ha tenido las oportunidades necesarias para llenar su discurso de trampas literarias. En primer lugar, convierte a su narrador en una especie de pícaro que elige marchar a contracorriente de lo que la realidad apunta a demostrar cada vez con más contundencia; infunde, además, su narrativa con un humor mordaz que atenúa el carácter trágico de la experiencia. Si bien el uso del humor es una herramienta de resistencia ante la enfermedad que avanza, es también, y quizás con más fuerza, la marca del escritor que incluso en las peores circunstancias se niega a desaparecer bajo el embate de los acontecimientos. Por eso se burla de los sucesivos diagnósticos que poco a poco lo aproximan a la final contundencia del tumor. Por eso describe sus alucinaciones de un modo que se acerca a las búsquedas de los surrealistas. Por eso no pierde nunca el cinismo a la hora de juzgar a quienes lo rodean, incluyendo a su “esposísima”. Por eso, en fin, fuerza al lector a acompañarlo en ese primer viaje por mar que durará, ahora lo sabemos, escasos dos años antes de encontrarse con la muerte de la que con tanto entusiasmo había escapado antes.