La tierna expiación hacia los premios

Cuando se acerque la decisión anual del Nobel de Literatura, constataremos en las páginas o secciones culturales de los medios de comunicación el nombre de Samanta Schweblin como favorita sentimental de los lectores para que se lleve el preciado galardón.

Las consideraciones del jurado sueco para otorgarlo generalmente no coinciden con las expectativas de los lectores salvo raras excepciones. En el siglo pasado, Jorge Luis Borges fue candidato o, por lo menos, los admiradores del escritor de “El Aleph” sostenían que era una injusticia negárselo. 

“No darme el Premio Nobel se ha convertido ya en una antigua tradición escandinava”, dijo Borges en 1979 a la prensa. También se podría considerar que lo merecían Julio Cortázar, Clarice Lispector o Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Roberto Fernández Retamar o Miguel Otero Silva, por mencionar algunos, puesto que tenían méritos literarios suficientes. Pero la Academia Sueca miró para otro lado.

En todo caso, independientemente de si lo merecían o no, son legión los lectores que por sus gustos afines terminan formando una logia que le quitan méritos al Premio en la medida que no gana a quien adoran. Ahora se sabe, desde 2017, que Borges fue descalificado en 1967 porque su obra era “demasiado exclusiva o artificial en su ingenioso arte en miniatura”, según reza el dictamen desclasificado de la Academia Sueca.

Similar situación se plantea con Schweblin —argentina con residencia en Alemania— sólo que en estos tiempos de redes sociales y algoritmos impuestos las pasiones están expuestas a la orden del día, especialmente un par de meses antes de develarse el ganador del Nobel de Literatura. Su nombre se levanta como la espuma y luego desaparece. También sucedió con Haruki Murakami , y aunque el entusiasmo no es el mismo aún se le menciona como favorito, lo que nos hace pensar que es más una campaña de presión de las editoriales que están ligadas a emporios financieros que sostienen medios de comunicación capaces de crear opiniones públicas como si estas fueran una respuesta “inocente”, “casual” y “voluntaria” de los lectores.

Pero una cosa son el Premio Nobel, las campañas de opiniones públicas y otra muy diferente la obra de los escritores mencionados, que como en el caso de Samanta Schweblin puede merecer la distinción. Cada uno de sus libros, novela o cuentos, son dispositivos muy bien armados, como si fueran a detonar en algún momento. Y de hecho, detonan en cada lector porque disparan las reflexiones que nos son comunes, cotidianas.

El buen mal (2025), su más reciente libro, contiene seis cuentos que bien podrían ser una síntesis del oxímoron del título que los reúne, y en la medida que avanzas, cuento tras cuento, se podría concluir con el refrán popular “no hay mal que por bien no venga”.

Más que invenciones o ficciones, Schweblin trabaja los mecanismos del recuerdo y la culpa sobre las acciones o decisiones tomadas. En cada narración, más que terror o temor, nos revela con un hilo familiar las equivocaciones que los personajes son capaces de cometer, por miedos o dudas, certezas o torpezas, como desenlaces naturales, pero que no debieron ocurrir. El lector, si es madre o padre, hijo o hermano, vecino o amigo puede tener la experiencia necesaria para comprender que “lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida”, como reza “Canción del elegido”, de Silvio Rodríguez.

La virtud de estos cuentos están en la estrategia narrativa sin reiteración en la forma de contar cada historia, mucho menos en los desenlaces, porque quien narra o lee tiene la esperanza de que todo sea un sueño o pesadilla. 

”Si hoy siguiera escribiendo cuentos fantásticos me sentiría un perfecto estafador; modestia aparte, ya me resulta demasiado fácil, je tiens le système [“poseo el sistema”], como decía Rimbaud”, escribió Cortázar a Jean Barnabé mientras armaba Rayuela.

La obra de Samanta Schweblin es testigo de que ella también posee el sistema. Las interrogantes y respuestas en boca de sus personajes y narradores desembocan en una tierna expiación que logra que el lector estruje sentimientos.

Un terror sigiloso

En El buen mal, Samanta Schweblin ha elegido un particular uso del miedo para mantener a su lector atrapado desde la primera hasta la última línea; algo que se produce no solo gracias a los recursos tradicionales de la literatura del terror, sino a una arquitectura del lenguaje que prioriza lo que se calla sobre lo que se dice.

Cuando hablamos de terror en la ficción, se suele pensar en monstruos, seres de ultratumba y hechos fantásticos y extraordinarios, para los cuales no se tiene una explicación plausible. Schweblin ha elegido, en cambio, un terror que penetra los más conocidos resquicios de la cotidianidad; un terror que fisura lo real sin catástrofes ni aspavientos y que se mueve, por el contrario, casi como un huésped bienvenido.

En consecuencia, uno de los méritos más notables de este libro es convertir lo que al principio parece sacado de una familiaridad intrascendente en un abordaje riguroso de temas que atañen a lo esencial de la vida y la muerte.

El suicidio, la tragedia y el arte son tratados de un modo que al principio puede parecer apenas tangencial, para terminar convirtiéndose en el gran tema del relato, a medida que su tratamiento gana en profundidad y trascendencia hasta tocar fibras filosóficas. No hay en Schweblin una voluntad de explicar el origen del mal, sino más bien de observar su comportamiento químico dentro de las relaciones humanas.

La literatura argentina ha profundizado en este tipo de ambiente sobrecogedor en el que personajes y lectores comparten a un tiempo la ansiedad de la amenaza y la duda acerca de si esa amenaza en realidad existe. Esta incertidumbre es el motor principal de tal narrativa; el horror no es un evento final, sino un estado de sospecha permanente que no encuentra alivio en la resolución de la trama.

En A cuatro manos hemos abordado textos de otros autores argentinos en quienes la técnica, aun buscando diversos cauces, guarda una notable similitud. Es el caso, por ejemplo, de Mariana Enriquez y Selva Almada. Sin embargo, lo que distingue a Samanta Schweblin de otros autores es su capacidad de naturalizar el terror. Se acostumbra decir que partiendo de situaciones y elementos de la vida diaria el terror apunta a dotarlos de un carácter siniestro; en el caso de Schweblin sorprende cómo incluso el motivo más evidente de conmoción parece ser reconocido y aceptado con una naturalidad que asusta.

Un buen ejemplo puede encontrarse en el cuento “El Superior hace una visita” donde, a pesar de una anécdota en la que está presente la posibilidad de la violación y el asesinato, el lenguaje se mantiene en un tono neutro en el que nada resalta el carácter extraordinario de los sucesos. Por su parte, la narradora, que es también la víctima, mantiene un discordante frialdad ratificada con creces por el final de la historia.

En este sentido, no es casual, que en varias de las situaciones de extrema tensión psicológica, como se acostumbra en estos cuentos de Schweblin, los principales actores y narradores sean niños o adultos que rememoran la niñez. Se reenfocan de ese modo los puntos de interés o la forma en que se abordan temas que pueden llegar a lo trágico, lejanos todos de la idea que se suele tener acerca de la niñez como un territorio de absoluta inocencia o ignorancia.

 Schweblin tiene el talento y la originalidad de incluir la recurrente tendencia de la narrativa contemporánea al metarrelato, es decir, la reflexión acerca de la esencia de la literatura, como un elemento más de la intriga, con lo que evita sonar teórica o fuera de contexto. Sucede de manera particular en el cuento “La mujer de Atlántida”:

“La perspectiva de abrir el cuaderno y encontrar al fin un poema me emocionaba. Me preguntaba cuál sería el tema elegido y cómo es que surgiría. ¿Era algo que tenía que ocurrírsele a ella, o era algo que ella tenía que encontrar en algún lado? Y si lo encontraba, ¿cómo sabía que eso era lo que estaba buscando?”

El buen mal, y en general toda la obra de Samanta Schweblin, confirma que el terror no requiere monstruos, sino que bien puede instalarse en lo doméstico, en la mirada de niños que aceptan lo extraño sin asombro. Se trata de una naturalidad que, del otro lado de la página, produce una incomodidad persistente en el lector enfrentado a unos cuentos que no explican ni juzgan, solo muestran.

Jóvenes estudiantes descubren mundos posibles con autores del Boom Latinoamericano en la 21.ª Filven Miranda

Conocer historias de vida, ampliar el léxico, hallar motivación y confirmar que los sueños se cumplen es posible a través de la lectura. Así lo manifestó un nutrido grupo de estudiantes de los Altos Mirandinos que se dio cita en la 21.ª Filven Miranda, instalada en Carrizal, para adquirir de manera gratuita ejemplares de la colección “25 para el 25” con autores del Boom Latinoamericano.

Alumnos de la Unidad Educativa Los Arbacos, ubicada en Los Teques, exploraron la muestra editorial y compartieron sus impresiones.

Gabriel García, de 5to año, se decantó por “Los privilegios del olvido”, de la colombiana Piedad Bonnett, atraído por la profundidad con la que aborda el duelo, el amor, la soledad y la pasión.

“Me parece súper interesante este libro y lo voy a leer ahora mismo. Yo relaciono la importancia de leer con la posibilidad de aprender a hablar y escribir mejor”, comentó.

Por su parte, Junior Tovar eligió “Space invaders”, de Nona Fernández, porque narra la creación de un videojuego en tiempos de tragedia. “Lo escogí porque mi sueño es ser programador de videojuegos y este libro me ha enseñado que los sueños se pueden cumplir así estés en la situación más difícil. A través de los libros se pueden encontrar grandes consejos y grandes historias de vida”, resaltó.

En ese sentido, Adriana Castro, cursante de 4to año, destacó el impacto intelectual de la lectura. “Leer expande nuestro vocabulario, nuestro pensamiento crítico y nos ayuda a apreciar nuestra vida desde otras perspectivas”, afirmó, tras tomar un ejemplar de “Viento de Primavera”, de Alaíde Foppa.

El libro físico: un puente hacia la creatividad

Norellys Bersin, directora del Centro de Desarrollo de la Calidad Educativa del municipio Guaicaipuro y responsable del grupo, reflexionó sobre el valor del formato impreso en la era de la Inteligencia Artificial. Para Bersin, la experiencia tangible del libro es irremplazable en el proceso de investigación y aprendizaje.

“Tener un libro en las manos es muy importante y aquí en la Filven podemos encontrar miles de textos que pueden enriquecer la intelectualidad y fortalecer la creatividad de los estudiantes. Tocar una hoja, palpar lo que se lee, es sumamente importante”, aseveró.

La colección “25 para el 25” es una iniciativa continental del Fondo de Cultura Económica (FCE) de México que se consolida en Venezuela producto de un convenio con el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC), representado por el Centro Nacional del Libro (Cenal) y Monte Ávila Editores Latinoamericana. Junto al Cenal, Librerías del Sur participa en la distribución de ejemplares de la colección en todo el país, con la que se busca promover la lectura en jóvenes de 15 a 30 años.

De un total de 27 títulos proyectados, los primeros ocho que ya circulan entre la juventud venezolana son: “Viento de Primavera”, de Alaíde Foppa; “Space Invaders”, de Nona Fernández; “Réquiem por Teresa”, de Dante Liano; “Los privilegios del olvido”, de Piedad Bonett; “Week-end en Guatemala”, de Miguel Ángel Asturias; “Cómo tirar contra la muerte”, de Juan Gelman; “Música concreta”, de Amparo Dávila, y “Operación Carlota”, de Gabriel García Márquez.

La 21.ª Filven Miranda abrió sus puertas este viernes 6 de marzo en el Centro Comercial La Cascada, en el municipio Carrizal de la entidad mirandina, con el lema Leer humaniza y una programación literaria que se extiende hasta este sábado 7.

Colección “25 para el 25” llega a la juventud de Cojedes

Jóvenes del estado Cojedes reafirmaron el valor del libro como motor de formación y crecimiento, al recibir en la 21a Filven la colección “25 para el 25”, concebida para acercar a personas de 15 a 30 años a obras de grandes escritores del Boom Latinoamericano.

Un centenar de estudiantes provenientes del Liceo Básico Batalla de Carabobo, el Complejo Educativo Eloy Guillermo González y la Escuela Técnica Eleazar Almarat se reunieron en el Complejo Cultural “Mauricio Pérez Lazo” de San Carlos, donde se celebra la feria. Allí recibieron la colección de manos de Karina Rojas, directora general del Gabinete Estadal de Cultura, quien celebró la iniciativa del Fondo de Cultura Económica de México y del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, al destacar este intercambio como una vía para “transformar el hábito de la lectura en una herramienta de vida”.

Herramienta para el futuro

Para jóvenes como Emergelis Manzanero, de la ETAI Eleazar Almarat, la FILVEN permite acceder a la lectura como una herramienta para pensar y construir el porvenir. “Me encantó demasiado la sala de lectura; estar en un lugar con tantos libros te dan ganas de llevártelos todos a casa”, expresó.

Respecto a la colección “25 para el 25”, que recibió durante esa jornada, refirió que “leer no es solo pasar la vista, es observar y pensar qué nos quieren decir. Tenemos que leer para tener proyectos y más información sobre lo que queramos saber”.

La entrega de la colección también fue celebrada por el personal docente de la entidad. Beatriz Sánchez, representante de la ETAI Eleazar Almarat, llamó a padres, madres y representantes a comprender la necesidad de promover la lectura desde el hogar.

En ese sentido, calificó la colección “25 para el 25″ como una herramienta “para abrir nuevos senderos de conocimiento”, pues la lectura “nutre nuestro cerebro” y permite alejarse de las pantallas.

Promoción continua


Irene Aranzazu, coordinadora de Cultura del Centro de Desarrollo de la Calidad Educativa del estado Cojedes, celebró el proyecto “25 para el 25” que reúne a autores latinoamericanos, porque acerca a los jóvenes al libro físico “para que sientan el olor, las páginas al tacto”.

La distribución de la colección se suma al trabajo de fomento de la lectura que se desarrolla en la entidad. Al respecto, Aranzazu detalló que entre los proyectos que se ejecutan en las instituciones educativas del estado resaltan “Lee tu película”, que integra cine y libros; “Minutos de Historia”, un podcast educativo de niños para niños; “Mitos, Cuentos y Leyendas”, donde la historia local es contada desde la perspectiva juvenil; el fortalecimiento del uso del lenguaje de señas y la creación de libros en Braille.

En esta edición de la Filven Cojedes, más de 200 jóvenes y 150 niños han compartido en el Pabellón Infantil. “Hemos tenido talleres de origami, puestas en escena y oralidad y cuentacuentos”, contó Aranzazu, quien ha captado a estudiantes para que incentiven en sus liceos el gusto por la lectoescritura, actividades que se prevé consolidar en todas las instituciones educativas de la entidad llanera.

En el recinto literario, niños, niñas y jóvenes disfrutaron de obras de teatro, talleres de oralidad, cuentacuentos y se llevaron la colección “25 para el 25”, que ahora disfrutarán y debatirán en casa y en sus colegios.

La feria continúa su recorrido por el país con su lema “Leer humaniza”, fomentando el acercamiento al libro y la lectura como herramientas para la paz y el pensamiento crítico.

21.ª Filven Cojedes, la alegría de leer como acto de resistencia

El Complejo Cultural “Mauricio Pérez Lazo”, en San Carlos, se convirtió en espacio para el encuentro con el pensamiento crítico y la palabra en la 21.ª Filven Cojedes. Durante dos días, se impulsaron debates y encuentros que renovaron el compromiso con el libro y la lectura.

En la jornada de clausura de la feria, que se celebró el 5 y 6 de marzo, se reconoció la trayectoria de quienes sostienen el acervo cultural venezolano, especialmente, aquellos que estimulan la producción literaria en los distintos rincones de Venezuela. Entre ellos se encuentra el escritor regional homenajeado, Juan Díaz, quien resaltó la importancia de escribir para reivindicar la narrativa propia del llano.

A este tributo se sumaron los nombres de los homenajeados nacionales: Judith Valencia, Esteban Emilio Mosonyi, Marc de Civrieux, Gonzalo Fragui y Juan Calzadilla, cuyas obras fueron el eje transversal de las discusiones durante ambos días.

La directora general del Gabinete Estadal de Cultura, Karina Rojas, cerró la edición con la entrega de reconocimientos a artistas, artesanos y escritores que participaron en la fiesta del libro. En la actividad se comprometió a seguir fortaleciendo la feria como espacio para la creación y el debate crítico.

El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, núcleo Amado Lovera, cerró la feria al ritmo del arpa, cuatro y maracas. Debajo de los samanes del Complejo Cultural “Mauricio Pérez Lazo”, niños, niñas, jóvenes y adultos despidieron con un “hasta pronto” a la fiesta del libro.

Rompiendo con los estigmas

En la jornada final de la fiesta literaria también se efectuó el conversatorio titulado “A mí tampoco me gusta leer”, dirigido por el profesor de literatura y escritor William Ramírez. El encuentro se convirtió en un debate sobre los estigmas generados en torno a la lectura. Esta actividad muchas veces es utilizada “como castigo, tanto en el hogar como en la escuela, lo que ha generado un impacto negativo en la formación del hábito”, explicó el docente.

Ramírez analizó cómo la obligación pedagógica ha distanciado a los jóvenes del placer de leer. Por ello, invitó a redescubrir los beneficios de la lectura, no como una tarea, sino como una herramienta de liberación, creatividad y expansión del pensamiento.

Historia y estrategia

La programación de la Filven brindó un espacio para la historiografía con la presentación del libro “La campaña en Maracaibo y su incidencia en la liberación del Sur”, del cronista William García. La obra ofrece una mirada sobre los movimientos militares y políticos en el occidente venezolano que fueron claves para consolidar la independencia.

En torno a la obra se propició el intercambio de saberes y experiencias, al colocar valores como la amistad en el eje central de la conversación. Lo que se inició como la presentación de un libro se transformó en un encuentro con la oralidad y las anécdotas que enriquecieron el conocimiento de los oyentes, como las historias contadas por García sobre el paso del Libertador Simón Bolívar por Cojedes.

Geopolítica y emancipación

En la Filven Cojedes se fomentó el análisis del contexto mundial en el foro “Venezuela en la geopolítica mundial”, liderado por el profesor José Miguel Aular, coordinador de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) en la entidad. El especialista analizó la posición que ocupa nuestro país en el ajedrez político global. En un mapa, describió los movimientos estratégicos de los principales actores del comercio, el mercado petrolero y militar, además de la incidencia que tienen en la política interna y externa de nuestro país.

El cierre de una fiesta necesaria

Con décimas y versos sueltos también cerró el ciclo de recitales de la Filven, que recibió durante dos días a niños, jóvenes y adultos. Allí participaron en debates y encuentros que pusieron de relieve la emancipación del pueblo venezolano como un bien sagrado que debe preservarse a través del fortalecimiento de su identidad y el fomento de la alegría como acto de resistencia.

Además, la entrega de la colección “25 para el 25” a más de 200 jóvenes y una variada oferta editorial en la feria demostraron que el libro sigue siendo un punto de encuentro.

Con el lema “Leer humaniza”, la Filven sigue su recorrido por Venezuela para continuar estimulando, a través de actividades literarias, debates y análisis, el amor por el libro y la lectura.

Armando José Sequera: Un escritor a tiempo completo

Escribir para hacer felices a los lectores es un acto que enaltece el placer de crear. Guiado por esta convicción, el escritor y periodista Armando José Sequera ha consolidado una vasta producción que supera los noventa títulos y lo ha hecho merecedor de galardones nacionales e internacionales.

Su trayectoria fue honrada recientemente con el Premio Nacional de Cultura mención Literatura (2024-2025), otorgado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC). Asimismo, fue homenajeado como escritor regional en la 21.ª Filven Carabobo, un espacio de encuentro con la palabra donde compartió parte de su extensa obra y el amor por la escritura.

“Ha sido muy bonita la experiencia, he descubierto que soy más querido de lo que yo pensaba. Uno siempre cree que escribe y que a lo sumo tiene uno o dos lectores, pero no: tengo tres. Es más de lo que yo pensaba”, comentó, dejando ver que el humor es un elemento omnipresente en su vida y en su prosa.

Al escribir, Sequera piensa en la experiencia que vivirán los lectores. Anhela que sean “felices por un ratito”. “Lamentablemente, la felicidad no es permanente sino que es pasajera, y ese ratito que pasen felices va a quedar en su memoria y cada vez que lo recuerden serán felices otra vez. Entonces, es como la posibilidad de generar una actividad que en el futuro se reproducirá nuevamente. Si se logra eso, uno está haciendo lo que de verdad cree que debe hacer en el campo de la literatura”, explicó.

En la Filven, esa felicidad llegó a lectores habituales y nuevos. En el público infantil se hizo realidad durante la presentación de su libro “Granizo” con un espectáculo de títeres que cautivó a un numeroso grupo de niños y niñas. Además, el sentimiento fue tangible a través del afecto, el reconocimiento y la admiración que los visitantes expresaron al autor durante esta fiesta de la lectura.

Historias para trascender lo cotidiano

La escritura de Armando José Sequera abraza la crónica como una herramienta para registrar la cultura y las vivencias del pueblo. Durante la feria, compartió su visión sobre la importancia de este género. “Registrar las experiencias de la humanidad es fundamental, porque permite, tanto en el presente como en el futuro, el reconocimiento de las culturas. Nos da una idea de la evolución o la involución de la humanidad a lo largo del tiempo y de cómo cada expresión se inserta en la historia”, reflexionó.

En ese sentido, el escritor resaltó que el deseo de narrar la cotidianidad ha sido determinante en toda su obra. “Yo he querido registrar siempre cómo se vive”, refirió. “La mayoría de mis libros narrativos procuran ser un registro de lo que es la vida cotidiana. No me interesa la vida de reyes, reinas ni la alta política; me interesa la vida cotidiana de las personas comunes”, detalló.

Actualmente, el autor trabaja en varios proyectos de forma simultánea: además de dos novelas, desarrolla sus memorias denominadas “Crónicas dispersas”. Su disciplina es la de un escritor comprometido con el oficio, forjada en el rigor del periodismo, combinando la creación literaria con la escritura en los periódicos Ciudad Caracas y Ciudad Valencia. “Yo soy un escritor a tiempo completo; vivo para eso”, afirmó.

Armando José Sequera (Caracas, 1954) es un escritor, periodista y editor venezolano, reconocido por su prolífica obra dirigida tanto a niños como a adultos, caracterizada por el humor, la brevedad y la mirada a la cotidianidad. Con más de noventa libros publicados y siendo ganador de importantes galardones como el Premio Casa de las Américas (1979), ha dejado una importante huella en la literatura infantil con libros emblemáticos como “Teresa”, consolidándose como una figura esencial para el fomento de la lectura.

T: Claudia Hernández

F: Abraxas Iribarren

Letras que transforman aulas

En la Escuela Técnica Industrial Gregorio Mac Gregor, en la parroquia Coche de Caracas, las letras son símbolo de transformación en las aulas con libros para jóvenes que distribuye el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC) a través del Centro Nacional del Libro (Cenal).

Ejemplares de la colección “25 para el 25” llegaron a la unidad educativa la tarde de este miércoles 4 de marzo. Los estudiantes manifestaron gran emoción al recibir textos editados por el Fondo de Cultura Económica (FCE) de México con obras que reflejan historias y luchas propias de la región.

Durante el acto estuvo presente la gerente de Estrategias del Cenal, Yris Villamizar, quien destacó que entre los libros hay autores de gran trayectoria, como Gabriel García Márquez y Miguel Ángel Asturias, ambos distinguidos con el Premio Nobel de Literatura.

Por su parte, Alexander Carreño, director de la Escuela Técnica Industrial Gregorio Mac Gregor, resaltó la importancia de la lectura para el desarrollo mental e intelectual de los jóvenes. “Estamos verdaderamente agradecidos con este aporte para que los jóvenes dejen el celular y se entretengan un poco más con la literatura y la lectura, que es muy importante en nuestros días para el desarrollo de la mente, el desarrollo de la inteligencia y del conocimiento”, afirmó.

Sensibilizar para la lectura y la escritura

Además, la jornada incluyó una dinámica para la mediación de la lectura a cargo del escritor Roger Herrera, quien hizo una dramatización poética y dictó un taller sobre sensibilización para la escritura.

Herrera invitó a jóvenes a acercarse al cuento oral, la poesía popular y otras manifestaciones literarias. “Utilizo ejemplos de autores reconocidos y busco explorar las diferencias entre narrativa y poesía en mi trabajo para enseñar a los jóvenes”, explicó Herrera.

La estudiante Danielis Pérez, de quinto año, comentó que le gusta leer: “Leo romances, fantasía. Me parece una buena idea incluir más a los niños, niñas y adolescentes en el mundo de la lectura; de esa forma pueden aprender más”.

Finalmente, Vanessa Ortiz, de cuarto año, resaltó: “Yo leo muchos libros de fantasía, y esta entrega de libros me parece increíble, ya que ayuda a los niños, niñas y jóvenes a enfocarse más en la lectura y a aprender de la historia”.

Entre los títulos de la colección “25 para el 25” del FCE que distribuye en el país el MPPC, a través del Cenal y también con la participación de Monte Ávila Editores Latinoamericana y Librerías del Sur, se encuentran Operación Carlota (Cuba en Angola), de Gabriel García Márquez (Colombia); “Cómo tirar de la muerte”, de Juan Gelman (Argentina); “Música Concreta”, de Amparo Dávila (México); “Week-end en Guatemala”, de Miguel Ángel Asturias (Guatemala); “Space invaders”, de Nona Fernández (Chile); “Viento de primavera. Antología poética (1945-1979)”, de Alaíde Foppa (Guatemala); “Réquiem por Teresa”, de Dante Liano (Guatemala); y “Los privilegios del olvido. Antología personal”, de Piedad Bonnett (Colombia).

Leer un libro es un viaje a través de las letras

Leer un libro es un viaje a través de las letras que abre la imaginación. Así se invitó a jóvenes estudiantes de bachillerato de la Escuela Técnica de Artes Visuales “Cristóbal Rojas” a acercarse a la literatura en medio de la entrega de ejemplares gratuitos de la colección “25 para el 25”, con la que se busca impulsar la lectura en todo el territorio nacional.

La distribución de libros en esta unidad educativa, ubicada en la parroquia La Candelaria de Caracas, se efectuó este miércoles 4 de marzo con la presencia de la gerente de Estrategias del Centro Nacional del Libro (Cenal), Yris Villamizar, y el director de la institución educativa, Oswaldo Blazco, quienes acompañaron a los jóvenes durante la recepción de los textos.

Abraham Pacheco, estudiante de 5to año, expresó que las obras literarias permiten a la juventud nutrirse de conocimientos y expandir la mente, lo que considera clave para la superación personal.

Por su parte, Blazco resaltó el valor del formato físico y subrayó que su meta es que “cada estudiante y cada docente lleve siempre un libro bajo el brazo”.

“Es fundamental leer un libro. Aunque la tecnología es una herramienta valiosa, nada sustituye la necesidad de investigar y leer directamente de la fuente”, manifestó el director de la Escuela Técnica de Artes Visuales “Cristóbal Rojas”.

La colección “25 para el 25” es una iniciativa del Fondo de Cultura Económica (FCE) de México, diseñada para promover la lectura entre jóvenes latinoamericanos de 15 a 30 años. La colección consta de un total de 27 obras del Boom Latinoamericano.

En Venezuela la distribución de estos libros está a cargo del Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC), a través del Cenal. También participan Monte Ávila Editores Latinoamericana y Librerías del Sur.

21.ª Filven Carabobo: La palabra siembra identidad y memoria

Un espacio donde se conjugan el conocimiento, la imaginación, las expresiones culturales y la pluralidad de voces. Así se consolidó la 21.ª Filven Carabobo en el Complejo Cultural Museo de Arte de Valencia (MUVA), con la que culminó exitosamente una ruta de actividades literarias para la promoción del libro y la lectura por varios municipios de la entidad carabobeña en el marco de esta fiesta de las letras.

Del 26 al 28 de febrero, la cita con el libro y la lectura en el MUVA permitió exaltar creaciones del talento nacional y la difusión de la cultura propia con más de cien actividades programadas. El evento ofreció una variada oferta editorial de sellos nacionales e internacionales, entre públicos, privados e independientes, que captó la atención de todo público, especialmente de la juventud.

“La Filven tiene libros y escritores para todas las edades. Por eso, valoramos mucho la programación para niños y los recitales de los poetas adolescentes, pues en estas edades es donde se inician los senderos y caminos que conducen a cada quien, a la lectura y la escritura, caminos que como dijo el poeta se hacen al andar. La feria juntó lo culto y lo popular. El libro y sus alrededores. La cultura en todos sus aspectos. Eso es novedoso”, reflexionó el escritor Pedro Tellez.

Las nuevas generaciones disfrutaron de lanzamientos de cómics y del acceso gratuito a la colección “25 para el 25”, un esfuerzo conjunto entre el Fondo de Cultura Económica de México y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC). Además, tuvieron la oportunidad de intercambiar ideas con escritores consagrados, como el homenajeado regional, Armando José Sequera, Laura Antillano, Antonio Trujillo, Carolina Álvarez y diversos autores locales e invitados nacionales.

“La feria del libro me parece una iniciativa excelente. Hay variedad: novelas de terror, cómics, manga… hay de todo. La recomiendo al cien por ciento”, comentó el joven Jesús Ampíes desde el stand de Librerías del Sur, donde adquirió un ejemplar de “Réquiem por Teresa”, de Dante Liano, que forma parte de la colección “25 para el 25”, integrada por autores del Boom Latinoamericano y dirigida a jóvenes de 15 a 30 años.

Ampíes, estudiante de la Universidad de Carabobo, reivindicó la importancia del libro físico. “A pesar de que existen opciones digitales la experiencia de tener el libro físico me parece excelente. Leerlo y después poder coleccionarlo y tenerlo a la mano es increíble”, dijo.

En el evento, también destacó la presentación de la Antología del 1er Concurso Nacional Juvenil de Literatura Teresa de la Parra con la participación de Indira Herrera, una de las ganadoras del certamen, quien manifestó su intención de seguir creando historias.

Asimismo, fue importante la participación de la Escuela de Artes Arturo Michelena con diversos talleres de creatividad artística que involucraron a niños, niñas y adolescentes.

“Felicito a la estupenda organización, que con mucho esfuerzo, trabajo y responsabilidad, brindaron al valenciano una feria de altura y de compromiso con los valores sociales. La EAPAM está muy agradecida por la invitación y cuentan con nuestro apoyo”, destacó Nelson Prado, subdirector de la institución educativa.

Memoria, trayectoria y lucha de las mujeres

La Filven fue un espacio de reivindicación para las autoras. Se presentaron obras que rescatan la memoria social y la lucha de las mujeres en el continente, tales como “Mujeres del siglo XX”, de Kintto Lucas, e “Historia de las luchas de la mujer venezolana”, de Carmen Clemente Travieso.

Además, se rindió homenaje a la trayectoria de Laura Antillano, reconociendo décadas de aportes al periodismo cultural. Este tributo se realizó durante la presentación de la colección Columnas Ciudad Valencia, donde destaca su sección “Carrusel de curiosidades”.

La periodista, escritora y artista Carolina Marín Guevara subrayó que el evento enalteció la creación literaria y la cultura. “La Filven Carabobo fue un esfuerzo de voluntades por querer compartir desde la literatura y el arte, al saber cada uno y en colectivo, que es imprescindible el encuentro, unir corazones y seguir escribiendo para honrar la palabra”.

Aminta Beleño Gómez, escritora de Editorial Trinchera, celebró el retorno de la feria al Museo de Arte de Valencia, un recinto emblemático que no albergaba el evento desde hace tiempo. Beleño resaltó la asistencia masiva y se mostró gratamente sorprendida por el interés de los jóvenes no solo en la literatura, sino en textos de política, historia y análisis social.

Identidad y tradición

El Pabellón Infantil cautivó a los más pequeños con una propuesta centrada en la venezolanidad. Elementos como el papagayo, el trompo y la fauna local decoraron un espacio lleno de títeres, cuentacuentos y talleres de creación literaria para niños, niñas y adolescentes de las escuelas del estado. El profesor Leonardo Rodríguez, uno de los coordinadores de este espacio, enfatizó que cada rincón del lugar buscaba representar la esencia de la identidad nacional.

Por otro lado, la oralidad y la crónica tuvieron un rol protagónico. El escritor invitado Antonio Trujillo, junto a cronistas comunales de la entidad, debatió sobre la importancia de recopilar testimonios de las comunidades y de preservar la memoria colectiva a través del registro de la oralidad.

Al respecto, el cronista Pablo Ronán reflexionó: “El papel en blanco y la tinta no sólo reciben el trabajo de la mano, sino del pensamiento que narra con puntos y comas para dejar constancia de la historia. El cronista relata la verdad de la vida en el tiempo en que vivimos”.

La programación de la feria también contó con vibrantes manifestaciones culturales, incluyendo a los Diablos Danzantes de Patanemo, recitales de poesía, funciones teatrales, conciertos y venta de artesanía y gastronomía local.

“La feria fue un acontecimiento cultural extraordinario, no sólo para Valencia, sino para todo el estado Carabobo, y se debe a esa apertura del Gabinete a todas las artes. Ese concepto anquilosado de ‘museo’ se ha superado, y ahora es un movimiento donde gira la cultura del estado”, enfatizó William Urdaneta, dramaturgo, director y actor teatral.

La Filven cierra este capítulo regional con la certeza de que las semillas de conocimiento, curiosidad, creatividad y pertenencia sembradas en cada actividad germinarán en el corazón del pueblo carabobeño.

Realidades fugaces hechas ficciones

La literatura no es la vida, en esencia, así como ésta tampoco es sueño, aunque a veces compartamos en sentido afirmativo cualquiera de estas frases de Francisco Ayala y Pedro Calderón de la Barca, gracias a que las invenciones y muertes, están a la orden del día. 

Sobre este rastro están tejidos los cuentos de Encrucijadas del Sur, de Luis Angulo Ruiz, sólo que entre la amalgama que conforma la vida, está la herida de un tiempo que parece que no existe, porque la memoria se pierde si tan solo queda registrada en un solo ámbito, es decir, en los medios de comunicación hegemónicos, que generalmente exponen realidades a conveniencia de sus intereses económicos y políticos.

El epígrafe del libro es más que un guiño, porque define en cierta medida toda su obra y, en específico, sus cuentos:  “…un espejo de espacio y un espejo de tiempo habían coincidido en un punto de insoportable y fugacísima realidad”.

Angulo Ruiz rescata esta breve reflexión de Julio Cortázar en 62/Modelo para armar, y no es casual, puesto que esta obra tuvo su punto de partida en Rayuela. Bajo esta premisa podemos intuir ciertos paralelismos entre Encrucijadas del Sur (2022) y Cartas bajo la manga (2019). 

Sin pretender ser concluyentes, la realidad es parte de la historia en la medida en que se hace literatura. En ambos libros aparecen las conductas fascistas de ciertos grupos sociales que agreden —por decir lo menos— a personas que optan por la defensa a los cambios sociales en favor de los más necesitados o pertenecen a los pueblos originarios. Sin embargo, son obras que tienen diferentes puntos de partida. La novela epistolar Cartas bajo la manga recorre los años de 1935 hasta el 2002 de Venezuela, mientras que el libro de cuentos transita el cruce de caminos de la cordillera andina de un momento que parece más presente que pasado reciente.

“El tiempo no existe”, sentencia el narrador en “Arde Whiphala”, y la historia no es lineal. No puede serlo cuando estamos hechos de recuerdos y miedos. El juego infantil puede terminar siendo una señal fatídica y los desastres que no son naturales, pero así nos lo presentan, unen a dos seres desconocidos en el presente y el futuro.

Los personajes de cada cuento de Encrucijadas del Sur tienen un hilo conductor que pareciera tener en el espejo a la víctima y el victimario. El narrador hace partícipe al lector en el reconocimiento de situaciones de las que se tiene la impresión de haberlas conocido, sólo que Angulo Ruiz carga la tensión necesaria en la narración para comprender que el terror no necesariamente proviene de la imaginación.

Todos los cuentos pueden tener sincronicidad, como los personajes de “Tres en tren”. A veces tenemos la sensación de que no puede ser cierto lo que está ocurriendo en el mundo. Tanta injusticia junta, simultánea y en la misma nave espacial.

Los cuentos reflejan la comedia o condición humana de una época, de un territorio, y de un narrador que atraviesa los relatos con más que hechos, puesto que también son pensamientos, a veces a contracorriente, que explican los momentos que viven los personajes reales o ficticios.

“Pertenezco a un pasado que se fue haciendo a lo largo de años vividos y leídos con una herencia de inquietudes sobre el porvenir. Cuando discuto sobre la mesa revuelta de la actualidad, me gusta saber desde dónde hablo, a qué experiencia necesito responder”.

La cita anterior pertenece a “La historia leída”, de Luis García Montero en Inquietudes bárbaras, que puede definir a varios autores, entre ellos a Luis Angulo Ruiz, puesto que además de ser profesor de semiología, es un militante de las causas justas y nobles por una humana humanidad.

El abordaje en cada uno de sus cuentos cobra sentido en Encrucijadas del Sur. Las contradicciones sin exageraciones ni minimalismos, la constante búsqueda por la verdad y la sorpresa de continuar con vida a pesar del terror, atender a las heridas —que tiene sus explicaciones míticas—, pero sobre todo, es el encuentro con cada lector como quien se mira en un espejo y puede ver que la realidad son más que las ficciones.