Crónica de un continente asediado

Luis Angulo Ruiz ha reunido, en Encrucijadas del sur, un conjunto de historias en las que asume el riesgo de reconstruir eventos por todos conocidos. Sus historias trasmiten, además, un mensaje de compromiso explícito y sin medias tintas. Siendo así, puede que el rol de quien lee consista, sobretodo, en evaluar si la construcción estética logra sobreponerse a esa manifiesta voluntad de compromiso del narrador.

Se trata de un recorrido por algunos países de América del sur, como puede adivinarse por el título, y por sucesos recientes, como las protestas en Chile posteriores a la dictadura de Pinochet o el golpe de estado contra Evo Morales en Bolivia.

El autor exhibe un profundo conocimiento del entorno cultural en el que suceden los hechos, suficiente para trasmitir una imagen clara de la sociedad y de la constitución anímica, cultural e incluso histórica de sus personajes.

Se entiende que el narrador toma partido y no oculta sus ideales. En el relato “Retorno de Dios”, por ejemplo, leemos el diálogo entre dos conciencias que perciben la realidad de manera distinta; no por casualidad, la visión de la mujer indígena se representa de manera mucho más empática si se compara con la visión de la mujer blanca, de la comba, como se identifica a los de su clase, a quien la voz que narra presenta con evidente desapego.

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Con frecuencia, estos cuentos se mueven en el borde sutil que separa la crónica de la ficción. La anécdota suele exponer hechos históricos reconocibles, como ya se dijo, que bien podrían ser contados desde el particular abordaje del periodismo. Esa posibilidad se evade gracias a una estrategia narrativa, cultivada por Luis Angulo con extraordinario talento, que comunica cada parte de la anécdota a través de las percepciones sensibles del personaje que narra. Sentimientos y pensamientos son descritos por un observador imbricado, anímica y dolorosamente, en los sucesos. De igual modo, la violencia política se describe mediante actos de los sentidos .

Ocurre también con los abundantes pasajes descriptivos en los cuales se evade el recurso de mirar como si una cámara recorriese el paisaje. En Encrucijadas del sur, un narrador moroso percibe sensiblemente el espacio físico, así como vive en íntimo creencias, mitologías, rasgos de familia y demás tópicos. Se aporta por esta vía una riqueza documental desplegada en paralelo a la historia en sí y sin efecto visible en la calidad estética del texto.

El manejo de los sensorial implica, como era de esperar, el regocijo de describir las más entrañables percepciones de los personajes. Una muestra de esta maestría del narrador, y sin lugar a dudas uno de los pasajes mejor logrados de todo el libro, puede leerse en el cuento “Tres en tren”. El mundo es allí una proyección de la capacidad intuitiva de un personaje ciego: “Imagina a la mujer compañera involuntaria de su viaje. Definitivamente cree que es una mujer joven, de no más de treinta y cinco años. Lo dice su voz, su perfume, su calor. Sabe que especula, pero de eso se trata, de seguir su intuición. La imagina con un rostro ligeramente moreno, y cabello de color alterado por un tinte entre trigo y canela, más bien largo y recogido en cola. Un rostro que lucha entre la forma redonda y la ovalada, de dilatada frente, ojos grandes y pardos como el de las árabes.”

La esencial ambigüedad de estos textos entre la ficción, la crónica, lo histórico o lo periodístico imposibilita que puedan leerse desde una postura neutral. Si es cierto que la ficción exige la complicidad del lector, para que incluso lo fantástico se perciba como natural y aceptable, en Encrucijadas del sur, la realidad histórica se impone con una fuerza que impide al lector distanciarse del acontecimiento narrado para fungir de mero espectador. No hay aquí posibilidad alguna de suspender el descreimiento, como lo quería Coleridge.

Los eventos reales se expresan en un lenguaje literario maduro y eficiente, pero ese lenguaje no borra en ningún momento la cercanía de los hechos y su impacto sobre el colectivo social involucrado en la historia. De ese modo, Luis Angulo Ruiz ha producido un magnífico ejemplo de literatura comprometida capaz, en simultáneo, de avanzar en la definición de estrategias narrativas que sorprenden por su originalidad.