Realidades fugaces hechas ficciones

La literatura no es la vida, en esencia, así como ésta tampoco es sueño, aunque a veces compartamos en sentido afirmativo cualquiera de estas frases de Francisco Ayala y Pedro Calderón de la Barca, gracias a que las invenciones y muertes, están a la orden del día. 

Sobre este rastro están tejidos los cuentos de Encrucijadas del Sur, de Luis Angulo Ruiz, sólo que entre la amalgama que conforma la vida, está la herida de un tiempo que parece que no existe, porque la memoria se pierde si tan solo queda registrada en un solo ámbito, es decir, en los medios de comunicación hegemónicos, que generalmente exponen realidades a conveniencia de sus intereses económicos y políticos.

El epígrafe del libro es más que un guiño, porque define en cierta medida toda su obra y, en específico, sus cuentos:  “…un espejo de espacio y un espejo de tiempo habían coincidido en un punto de insoportable y fugacísima realidad”.

Angulo Ruiz rescata esta breve reflexión de Julio Cortázar en 62/Modelo para armar, y no es casual, puesto que esta obra tuvo su punto de partida en Rayuela. Bajo esta premisa podemos intuir ciertos paralelismos entre Encrucijadas del Sur (2022) y Cartas bajo la manga (2019). 

Sin pretender ser concluyentes, la realidad es parte de la historia en la medida en que se hace literatura. En ambos libros aparecen las conductas fascistas de ciertos grupos sociales que agreden —por decir lo menos— a personas que optan por la defensa a los cambios sociales en favor de los más necesitados o pertenecen a los pueblos originarios. Sin embargo, son obras que tienen diferentes puntos de partida. La novela epistolar Cartas bajo la manga recorre los años de 1935 hasta el 2002 de Venezuela, mientras que el libro de cuentos transita el cruce de caminos de la cordillera andina de un momento que parece más presente que pasado reciente.

“El tiempo no existe”, sentencia el narrador en “Arde Whiphala”, y la historia no es lineal. No puede serlo cuando estamos hechos de recuerdos y miedos. El juego infantil puede terminar siendo una señal fatídica y los desastres que no son naturales, pero así nos lo presentan, unen a dos seres desconocidos en el presente y el futuro.

Los personajes de cada cuento de Encrucijadas del Sur tienen un hilo conductor que pareciera tener en el espejo a la víctima y el victimario. El narrador hace partícipe al lector en el reconocimiento de situaciones de las que se tiene la impresión de haberlas conocido, sólo que Angulo Ruiz carga la tensión necesaria en la narración para comprender que el terror no necesariamente proviene de la imaginación.

Todos los cuentos pueden tener sincronicidad, como los personajes de “Tres en tren”. A veces tenemos la sensación de que no puede ser cierto lo que está ocurriendo en el mundo. Tanta injusticia junta, simultánea y en la misma nave espacial.

Los cuentos reflejan la comedia o condición humana de una época, de un territorio, y de un narrador que atraviesa los relatos con más que hechos, puesto que también son pensamientos, a veces a contracorriente, que explican los momentos que viven los personajes reales o ficticios.

“Pertenezco a un pasado que se fue haciendo a lo largo de años vividos y leídos con una herencia de inquietudes sobre el porvenir. Cuando discuto sobre la mesa revuelta de la actualidad, me gusta saber desde dónde hablo, a qué experiencia necesito responder”.

La cita anterior pertenece a “La historia leída”, de Luis García Montero en Inquietudes bárbaras, que puede definir a varios autores, entre ellos a Luis Angulo Ruiz, puesto que además de ser profesor de semiología, es un militante de las causas justas y nobles por una humana humanidad.

El abordaje en cada uno de sus cuentos cobra sentido en Encrucijadas del Sur. Las contradicciones sin exageraciones ni minimalismos, la constante búsqueda por la verdad y la sorpresa de continuar con vida a pesar del terror, atender a las heridas —que tiene sus explicaciones míticas—, pero sobre todo, es el encuentro con cada lector como quien se mira en un espejo y puede ver que la realidad son más que las ficciones.