Hay novelas que tienen diferentes lecturas con el pasar del tiempo. Las corrientes literarias en boga generalmente marcan el destino del mercado editorial o viceversa. Mientras esto sucede el escritor o escritora, convertido en demiurgo, forja una historia como un concierto, en donde diferentes almas tienen trazados un mapa de escape en medio de un laberinto.
Es por ello que regresamos a El mar que me regalas, de Jorge Rodríguez Gómez, finalista del premio Rómulo Gallegos 2025, editada inicialmente en Venezuela por Acirema, en 2023, al año siguiente pasó a distribuirse en Latinoamérica al formar parte del catálogo de Fondo de Cultura Económica, de México, y en las librerías y ferias de libros de España gracias a la edición de la editorial Arzalia.
Hay quienes leen la novela de Jorge Rodríguez como una novela negra o policial, que también es política porque el género “descubrió la relación entre el crimen y la política y lo puso en el centro de la escena literaria desde el principio”, como reflexionó Ricardo Piglia cuando recibió el Gallegos en 2011.
En pocas palabras, la novela policial ha sido eficaz en la crítica al capitalismo y la trama de El mar que me regalas trata esencialmente sobre el secuestro en Venezuela de un agente encubierto de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).
La CIA existe, aunque descrean los desencantados e ignorantes. No es ficción ni pasado, solo que han diversificado las acciones de estos agentes con otras agencias (Usaid, NED, etc.) y cuando estos no logran sus objetivos, mandan a los “chacales”, como afirma John Perkins en Confesiones de un gánster económico.
El emperador de turno recientemente anunció una acción militar contra Venezuela en conjunto con la CIA. Es conocido que estos agentes están desplegados en el país —y por todo el mundo— para asesinar a quienes enfrentan sus intereses coloniales.
El mar que me regalas es la historia de una generación que decidió arriesgar la vida contra el sistema en tiempos en que parecía que todo estaba perdido y lo que quedaba (para algunos) era tararear canciones de Joan Manuel Serrat.
Pero la vida es un entramado que difícilmente puede contarse linealmente. Es como el mar que nos trae olas y forma diferentes rocas o en las orillas de la playa una urdimbre con conchas marinas y en la arena las huellas borradas.
La novela de Rodríguez expone la miseria humana, su lado más desalmado, así como los sueños y la desesperación, la ternura y el amor. El sexo nunca ha estado fuera de su literatura y en El mar que me regalas tiene los ingredientes necesarios, pero eso no lo hace novela erótica, sino más vívida, real, si se quiere decir de otro modo.
Es la pulsión humana lo que está detrás del demiurgo que entiende que entre la vida y la muerte todo está escrito, sólo hay que conocer las claves para contarla y que esta ponga en suspense al lector, algo que Jorge Rodríguez retrata magistralmente a los antagonistas en la dimensión de sus acciones, sin fórmulas maniqueas, sin pudor, sin necesidad de que cada uno renuncie a sus miserias o valores. El lector sabrá de qué lado de la balanza está su vida.
En varias oportunidades nos hemos hecho la pregunta de qué cuentos o poesías llevó a Jorge Rodríguez a esculpir esta obra en donde se estrena como escritor de novelas, la catedral de los géneros literarios. Podemos intuir que es la vida contra la muerte, las injusticias, pero sobre todo el mar, el río, las aguas que van y vienen, que no es lo mismo mirarla que estar en ella, pisando fondo o en la superficie.
El mar que me regalas tiene la singular particularidad de que el lector va a ser cómplice por la búsqueda de respuestas a los acertijos, los sueños empeñados, la utopía. Genera la sonrisa y la furia, la tristeza y la alegría, el recuerdo sin remordimiento y estar atento a la eterna amenaza.
La ficción tiene más de realidad que de invención y por ello podemos hacer diferentes lecturas sin importar el tiempo, que a veces es implacable, como el mar que nos regala Jorge Rodríguez en forma de novela.
Durante 2025 el Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC), a través del Centro Nacional del Libro (Cenal), convocó a escritores venezolanos y extranjeros que residen en el país a participar con sus obras inéditas en siete bienales nacionales de literatura.
Se trata de la VII Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga, mención Novela corta; la II Bienal Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Carmen Delia Bencomo, mención Narrativa infantil; la IX Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez, mención Ensayo; la VII Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, mención Crónica; la XI Bienal Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Poesía; la VII Bienal Nacional de Literatura Gustavo Pereira, mención Poesía, y la VIII Bienal Cruz Salmerón Acosta, mención Décima infantil.
Las bienales nacionales de literatura son una oportunidad para conocer las voces creadoras del pueblo como parte de las políticas culturales del Gobierno Bolivariano orientadas a promover la producción literaria e incentivar el desarrollo de nuevos autores. Las obras ganadoras son publicadas por Monte Ávila Editores Latinoamericana. Aquí te presentamos a los ganadores:
Olga Cortez Barbera
La escritora caraqueña Olga Cortez Barbera ganó la VII Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga, mención Novela corta, con su obra “Primavera en Buenos Aires”.
El jurado, conformado por Luis Britto García, Valentina Saa y Ennio Tucci, destacó la impecable escritura y trama sólida que aborda la resiliencia de la mujer, la perseverancia y la evaluación de propósitos en medio de diversos conflictos.
Olga Cortez Barbera es economista egresada de la Universidad Central de Venezuela y como escritora ha incursionado en la literatura infantil llegando a participar en talleres bajo la dirección de los escritores Armando José Sequera y Mercedes Franco.
Entre sus obras publicadas destacan: El balcón de las trinitarias, El baile de los hecatónquiros, En busca de los dientes de oro, Orejón, El origen de los cuentos, La Vaquita Pandetela, Unicornio de Papelón y Canta la cascada.
Ha sido laureada en la Bienal de Literatura Infantil COFAE 2006 y en el IV Concurso de Cuentos Infantiles Los niños del Mercosur 2008; también recibió el tercer premio y mención especial en el Concurso de Cuentos Infantiles El Mangrullo 2009 y obtuvo el segundo lugar en el IX Concurso Anual de Cuento Breve de la Librería Mediática y TV Lecturas 2012.
Aquiles Silva
El escritor Aquiles Silva, de Valle Guanape, estado Anzoátegui, ganó la II Bienal Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Carmen Delia Bencomo, mención Narrativa, con su obra “Jalico, entre cuadernos y fieras”.
El jurado compuesto por Alejandro Moreno, Nancy Villegas y César Franco seleccionó su obra por su atractiva narrativa de aventura y ficción y la capacidad de la historia para estimular la imaginación y las habilidades creativas de los niños, niñas y adolescentes.
Aquiles Silva es narrador, poeta, dramaturgo y animador cultural dedicado a la investigación permanente sobre la oralidad como un valor cultural fundamental de los pueblos. Ha sido un defensor de las justas reclamaciones campesinas de Valle Guanape y San José de Guaribe.
Autor del poemario “Ventanas y vuelos (Fondo Editorial Ipasme, 2009). Cuenta con una extensa obra inédita en proceso de sistematización.
Fue homenajeado en Anzoátegui durante el IX Festival Mundial de Poesía. Es facilitador en la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla por Valle Guanape, Anzoátegui.
Alexander Torres Iriarte
El escritor Alexander Torres Iriarte ganó la IX Bienal Nacional de Literatura Félix Armando Núñez, mención Ensayo, con su obra “La pregunta perenne. Identidad en el ensayo mexicano de mediados del siglo XX”.
El jurado, compuesto por Pablo Nigal Palmar Paz, Alejandro Bruzual y Dionys Cecilia Rivas Armas, destacó el notable abordaje en términos teóricos y metodológicos, su importante exploración de la identidad americana enfocada en autores mexicanos, su estilo de escritura correcto y fluido y su excelente manejo bibliográfico.
En el veredicto se resaltó la reivindicación a través de este ensayo del patrimonio cultural de Nuestra América y la descolonización de su pensamiento y memoria histórica a través de la autoafirmación de la identidad mexicana en el siglo XX.
Alexander Torres Iriarte es un reconocido investigador y profesor de Historia con múltiples títulos y premios, incluyendo el Premio Nacional de Literatura “Stefania Mosca”.
Es autor de libros como Claves de Clio y La amenaza inusual. Fue presidente del Centro Nacional de Estudios Históricos y actualmente es agregado cultural de Venezuela en México.
Aleannys Argüello
La joven escritora Aleannys Argüello ganó la VII Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez, mención Crónica, con su obra “El ritual”.
Luis Alberto Crespo, Audio Cepeda y Lil Rodríguez, quienes integraron el jurado, destacaron la perfecta narrativa de Argüello e indicaron que “El Ritual” es una crónica en su exacta dimensión que “se introduce magistralmente en un tema que toca tangencialmente lo católico, el imaginario colectivo popular venezolano, y lo africano, algo que pareciera dar pena a más de uno en nuestro país en el que reconocemos a África como Madre, pero solo de palabras”.
Aleannys Arguello, del estado Zulia, es una joven escritora quien busca con su voz narrativa no dejar indiferente a quien la lea. Es autora de diversos textos aún sin publicar y el premio de la VII Bienal Nacional de Literatura Antonio Crespo Meléndez se convierte en el primer reconocimiento a su talento narrativo.
Graduada como trabajadora social encuentra en su profesión una fuente constante de inspiración. Está convencida de que cada palabra en sus textos puede ser un aporte para los lectores. Su objetivo como autora es “crear un refugio para quienes se adentran en sus páginas, un lugar donde puedan verse reflejados y, al mismo tiempo, enfrentarse a los secretos que habitan en cada historia”.
Andrés Rojas
El escritor Andrés Rojas ganó la XI Bienal Nacional de Literatura Ramón Palomares, mención Poesía, con su obra “Últimas ardentías”.
El jurado, integrado por Libeslay Bermúdez, Ernesto Román Orozco y Julio Borromé, seleccionó la obra “por la sostenida vitalidad y potencia en cada uno de sus poemas”.
De acuerdo con el veredicto, la obra “recoge y retoma la nostalgia desde un componente erótico sutil, como propuesta de totalidad desde un metalenguaje, escrito en prosa, logrando en cada texto un importante manejo semántico al final de cada trabajo, lo cual lo convierte en un corpus digno del primer y único lugar en esta amistosa y luminosa contienda de la palabra como búsqueda, destino y creación”.
Andrés Rojas es poeta, editor, promotor cultural, productor de radio independiente, dibujante y pintor nacido en El Morro de Puerto Santo, Sucre (1961) y residenciado en Cabimas, estado Zulia.
Además de su afición por la escritura y las artes es profesor en Física con maestría en Matemática y doctorado en Educación. Ha sido investigador en el área de formación docente y desarrollo curricular. Por casi 40 años se ha desempeñado como educador en instituciones de Educación Media y universitarias. También ejerció cargos gerenciales por 34 años en la Industria Petrolera de Venezuela.
Liwin Acosta
El escritor falconiano Liwin Acosta ganó la VII Bienal Nacional de Literatura Gustavo Pereira, mención Poesía, con su poemario “Máquina de hacer despedidas”.
El jurado, integrado por los escritores Gabriel Saldivia, Cósimo Mandrillo e Ingrid Chicote, expresó que “Máquina de hacer despedidas” es un poemario que “transporta a mundos imaginarios donde el ser que escribe se afianza en la complejidad de una voz poética que explora el mundo y sus relaciones con la universalidad del ser y sus circunstancias”.
De acuerdo con el veredicto, la obra “crea mundos posibles con la palabra inmersa en las honduras del mito y el reino de los sueños”. Se destaca el lenguaje sumergido en lo simbólico, lo mitológico y lo cosmogónico que construye paisajes oníricos cuyas imágenes complejas convierten la obra en “un libro completo y muy bien escrito”.
Liwin Acosta nació en Coro, estado Falcón (1990). Es escritor y fotógrafo. Ha editado la plaquette El hogar de las cenizas (Ediciones Awen, 2018); los poemarios arde Plegaria (LP5 editores), Declaración de un niño amanecido (editorial Palíndromus, 2020), Like a Hobo (2023) y Decir del Pájaro (Ediciones Petalurgia, 2023). Publicó la novela El Mar de los Brujos con Ediciones Madriguera en el año 2024.
Logró el segundo lugar en el I Concurso de Joven Poesía Hugo Fernández Oviol en 2017 y el tercer lugar en la IV edición del mismo concurso en 2020. Recibió una mención en el III y VI Concurso de Joven Poesía Rafael Cadenas en los años 2018 y 2021, respectivamente.
Juan Manuel Romero
El escritor mirandino Juan Manuel Romero Ángel ganó la VIII Bienal Nacional de Literatura Cruz Salmerón Acosta, mención Poesía infantil bajo el género Décima, con su obra “Décimos estudios michianos (para niños que quieran doctorarse en maullidos antiguos)”.
El jurado, integrado por María Elena Franco, Orlando Martínez y Rod Medina, destacó la calidad de la obra literaria e indicó que “la genialidad de estos textos radica en la capacidad de una forma poética rigurosa para acoger un lenguaje llano, imágenes cercanas y una visión lúdica de la vida cotidiana”.
“El patrón de la décima en este poemario genera una musicalidad interna que fluye con naturalidad y resulta fácil de memorizar, convirtiéndose en un juego auditivo que estimula la oralidad infantil”, expuso el veredicto.
Juan Manuel Romero Ángel (Ocumare del Tuy, estado Miranda, 1980) es poeta, cuentista, ensayista, cronista, narrador oral, investigador y profesor de Lengua y Literatura.
Autor de los libros de cuentos Historias que hacen daño (UPEL-IVILLAB, 2007) e Historias de reflejos extraviados (IPASME, 2009), con el que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa Corta de esa institución. Varios de sus poemas y relatos han sido publicados en la revista Para las telarañas, del Taller Literario “Marco Antonio Martínez” (UPEL-IVILLAB).
Fue galardonado en dos ediciones consecutivas (2019 y 2020) con el Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores.
Una de las primeras películas venezolanas que vi en el cine fue País portátil. No sabía de la existencia de la novela, mucho menos del autor, apenas tenía 14 años. Me enteré con el inicio de los créditos y guardo dos recuerdos notables. Uno, del personaje León Perfecto: cuando se tiene enemigos, no hay que andar desarmado. Dos, pasados unos 5 o 10 minutos después de los créditos, con la presentación de la familia Barazarte en situaciones y épocas diferentes, uno de los espectadores en la sala gritó: “Ahora sí no entiendo un carajo”.
Mucho tiempo después, comprendí que el tiempo tiene que ver con todo en la vida, es decir, la historia, la química, la física, pero le puse más atención a una de las disciplinas que me atraía, la literatura. Esto último, lo digo en el sentido más amplio, es decir, más que ficciones.
Todo lo que leía, así fueran teoremas de física o matemáticas, eran literatura. También la historia y como ésta tiene diferentes significados, se me hizo más comprensible que hechos y ficción venían agarradas de las manos.
La fascinación por las historias están dadas por la forma en que son contadas. Algunos sostienen que las primeras líneas de una novela o cuento son el punto de partida para la atención de los lectores. Los hay memorables. No detallaré en este asunto para evitar reiteraciones y ausencias.
Las historias son más que comienzos, así como la lectura es más que tiempo y esta no guarda relación proporcional con la escritura.
Huyo de los libros en donde el escritor tiene la pretensión de dar torpes lecciones de literatura en sus narraciones. Las invenciones son fuentes perdurables para la imaginación. Podría concluir que todo se reduce a palabra y tiempo, imaginación e historia.
Es así como entre historia y literatura topé con el periodismo, en donde el tiempo es un límite que no se traspasa, porque el periódico tiene una hora de cierre. Las prensas [la imprenta] no esperan. Hablo de periodismo, no de comunicación social, que es lo que abunda en las redes digitales. Con esto no pretendo promover que se debe estudiar esta disciplina. El periodismo más que una profesión es un oficio. Sin embargo, no podría asegurar ni lo uno ni lo otro sobre la literatura. A veces es un acto de alquimia en donde las fórmulas repetidas son —generalmente— rechazadas por los lectores.
Por esta época, en Europa, también por estos lares, los medios de comunicación acostumbran a hacer un listado de los libros del año. Sorprende sobremanera que hasta ahora ningún escritor venezolano aparezca en esas listas, aunque esos mismos medios los han pontificado como “éxito” de la literatura de la diáspora venezolana.
Lo más seguro es que no hayan atendido a la segunda regla del “Decálogo del escritor”, de Augusto Monterroso, que reza: “No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia”.
Sin enumerar aciertos o desaciertos publicitarios y propaganda, la literatura también es conversación aunque al final de cuentas la escritura —como la lectura— se hace en soledad. El escritor puede tener la obligación personal de escribir, pero el acto de leer carece de toda obligatoriedad, a no ser que sea por la necesidad que impone el estudio para obtener conocimiento y aprobar uno o varios exámenes.
Tampoco es obligatoria la locura impuesta en los personajes en Maniac, de Benjamín Labatut, en donde seres racionales logran resultados gracias a la irracionalidad. “Genios” —entre comillas— que consiguen fórmulas que pueden ser avances de la ciencia y destrucción de la humanidad, son también el resultado de una conversación colectiva con sus contemporáneos e, incluso, con científicos del pasado.
La literatura también forma parte de la conversación que se consigue con la lectura. Cada escritor hace una línea o madeja de tiempo en donde cronos puede ser protagonista o vehículo que transporta la historia para que el lector llegue a su destino, a veces con más —o menos— imaginación que al principio.
Escribir con regularidad sobre novelas, como hacemos en A cuatro manos, permite identificar algunos rasgos que permiten agrupar un conjunto de obras bajo un mismo paraguas conceptual. Uno de los más llamativos es la proliferación de narraciones en las que la voz que cuenta, el personaje principal, o ambos a la vez, es un escritor.
Este patrón parece apuntar a un cambio en los modos de narrar y de leer en la narrativa actual, y la frecuencia con la que aparece lo convierte en un signo característico de la novela contempóranea.
En El placer del texto, Roland Barthes distingue entre “texto legible” y “texto escribible”. No se trata de una oposición sobre la escritura en sí, sino sobre dos modos distintos de lectura. El texto legible genera un lector pasivo, que disfruta la obra sin cuestionar su contenido ni los mecanismos de su construcción. En cambio, el texto escribible demanda un lector activo, que reescribe el texto mientras lo lee y se interroga, a un tiempo, sobre los eventos narrados y sobre la arquitectura literaria que los sostiene.
La proliferación de novelas protagonizadas por escritores es un síntoma de esta búsqueda del lector activo. El concepto de autoficción, ese género híbrido que mezcla sin previo aviso lo autobiográfico y lo imaginado, explica una parte sustancial del fenómeno. En Huaco retrato, de Gabriela Wiener, la exploración personal de la narradora sobre su herencia colonial y su identidad no solo interesa al lector, sino que lo involucra hasta el punto de sacudir certezas cotidianas.
Una operación similar realiza Maryse Condé en Victoire, la madre de mi madre. Allí la escritora no solo narra la vida de su abuela, sino que incluye en el relato las huellas de su propio proceso de investigación, exponiendo las herramientas documentales que le son útiles para la reconstrucción histórica y familiar.
Sin embargo, la presencia de un personaje escritor no siempre equivale a autoficción. Paul Auster fue un maestro en la creación de una ambigüedad deliberada. En sus novelas, el narrador suele ser un escritor que compone su relato en paralelo al desarrollo de la trama. Auster eludía la asociación biográfica directa con un argumento sutil: afirmaba que su verdadero interés no era contar su vida, sino utilizar la experiencia que mejor conocía, su propia vida, para explorar la sensación universal de estar vivo. Así, el lector no ingresa a la biografía de Paul Auster, sino que, a través de ella, termina reconociendo fragmentos de su propia existencia.
Esta estrategia del narrador-escritor aparece en un número significativo de las obras reseñadas en A cuatro manos. En El mapeador de ausencias, de Mia Couto, el protagonista es un escritor que reconstruye una memoria colectiva a partir de fragmentos de información heredados, convirtiendo la escritura en un acto de reparación histórica.
Por su parte, Guillermo Martínez, en La última vez, elige como protagonista a un joven y brillante crítico literario, cuya contraparte es un escritor moribundo que espera de ese lector excepcional que descubra en su obra lo que nadie más ha logrado ver.
En Perdidos, de Sergio Bizzio, la figura del escritor se distorsiona: el narrador escribe una extensa carta a un monarca lejano cuya existencia misma se difumina, dejando al lector en la incertidumbre sobre el destinatario real del relato y, por extensión, sobre el propósito último de la escritura.
No obstante, la recurrencia de tal estrategia conlleva un riesgo inherente. La figura del personaje-escritor termina por sorprender, y no siempre positivamente, por su proliferación, más allá de la calidad de la novela en cuestión.
No hay dudas de que estamos frente a un cambio de rol del novelista, quien ya no parece contemplar la necesidad de ocultarse bajo el artificio de aquella tercera persona que creaba la ilusión de una objetividad a todas luces falsa.
El problema podría estar en que el pacto de complicidad que invita a una lectura activa y metaficcional puede volverse previsible. La promesa inicial de un “texto escribible”, que ofrecía la emoción de descifrar capas de significado y de colaborar en la construcción del sentido, se desgasta si el mecanismo se repite de una novela a otra. El lector, entonces, pasa de ser un cómplice entusiasta a un espectador que reconoce una fórmula, una estrategia retórica que ya no sorprende.
Una tarde especial con la magia de las letras y el poder de la lectura para inspirar la creatividad vivieron este jueves 18 de diciembre pacientes del Hospital de Niños Dr. José Manuel de los Ríos, en Caracas, durante una visita realizada por el Centro Nacional del Libro (Cenal) para la entrega de libros infantiles y juveniles en el marco de sus actividades orientadas a fomentar el hábito de leer en cada rincón del país.
Se beneficiaron niños y niñas de entre 5 y 12 años con un total de 220 ejemplares de 17 títulos de autores venezolanos, entre los que se hallaron obras editadas por El perro y la rana, informó Yris Villamizar, gerente de Estrategias del Cenal, ente rector de la Plataforma del Libro y la Lectura del Ministerio del Poder Popular para la Cultura (MPPC).
Promotores de la lectura del Cenal recorrieron las 6 plantas del hospital, incluyendo la torre de infectología y el área de emergencia, para compartir los libros con niñas y niños en tratamiento médico e invitarlos a descubrir nuevas historias, durante su estancia en este centro de salud, a través de cada publicación donada.
También se destinaron libros a la Escuela Hospitalaria, un espacio donde los niños y niñas hospitalizados reciben clases de nivelación y participan en actividades culturales que les ayudan a mantenerse al día con sus estudios mientras reciben tratamiento.
A propósito de la época decembrina, los promotores de lectura del Cenal igualmente animaron el ambiente coreando aguinaldos venezolanos con cuatro, entre ellos el emblemático Corre caballito, llevando consigo no solo libros, sino también cariño, alegría y presencia en un momento tan sensible para los niños y niñas, lo que despertó sonrisas en los pequeños bajo cuidados médicos.
El Cenal bajo la consigna “Un libro es el mejor regalo” promociona la lectura en contextos de vulnerabilidad y reafirma su compromiso con la promoción del libro y la lectura en todo el país para garantizar que la literatura llegue al pueblo venezolano.
El presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció el inicio de la distribución gratuita en el país de libros para jóvenes, entre 15 y 30 años, que integran la colección “25 para el 25” editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE) de México, como parte de un lanzamiento editorial continental con autores latinoamericanos en el que participan también Argentina, Colombia, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala, Honduras, Perú y Uruguay.
La colección, que busca reconectar a las nuevas generaciones con la memoria colectiva de sus territorios, sus luchas y sus historias, está conformada por 27 obras de autores del boom de la literatura latinoamericana, considerados voces esenciales: Gabriel García Márquez (Colombia), Juan Gelman (Argentina), Amparo Dávila (México), Miguel Ángel Asturias (Guatemala), Nona Fernández (Chile), Alaíde Foppa (Guatemala), Dante Liano (Guatemala), Piedad Bonnett (Colombia), Luis Britto García (Venezuela), Manuel Rojas (Chile), Raúl Zurita (Chile), Roberto Fernández Retamar (Cuba), Miguel Donoso Pareja (Ecuador), Roque Dalton (El Salvador), Carlos Montemayor (México), Fabrizio Mejía Madrid (México), Adela Fernández (México), Guadalupe Dueñas (México), Sergio Ramírez (Nicaragua), José María Arguedas (Perú), Blanca Varela (Perú), Eduardo Galeano (Uruguay), Mario Benedetti (Uruguay), Osvaldo Bayer (Argentina), Juan Carlos Onetti (Uruguay), Andrés Caicedo (Colombia) y Eduardo Rosenzvaig (Argentina).
El jefe de Estado venezolano exhibió y compartió ejemplares de la colección durante un acto en conmemoración de los 195 años del fallecimiento del Libertador Simón Bolívar, efectuado en la sede de la Sociedad Bolivariana, en Caracas, este 17 de diciembre, al tiempo que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezó desde el Zócalo de Ciudad de México la entrega de 2.5 millones de libros “25 para el 25” del FCE, con los que se busca en Nuestra América hacer de la lectura un acto de transformación y reflexión colectiva.
Sheinbaum, junto al director del FCE, Paco Ignacio Taibo II, calificó como “un esfuerzo extraordinario de transformación de la vida pública” la distribución gratuita, con el respaldo del Gobierno de México, de estos libros dirigidos a jóvenes de América Latina entre 15 y 30 años de edad.
Se realizaron en paralelo actos de distribución de libros en Buenos Aires, Santiago de Chile y Lima, destacó Paco Ignacio Taibo II, quien ha informado que la colección será distribuida en 14 nodos editoriales de Latinoamérica. También se distribuyeron libros simultáneamente en Bogotá y Montevideo.
Acompañaron al presidente Nicolás Maduro durante la presentación de la colección en Caracas el ministro del Poder Popular para la Cultura, Ernesto Villegas, y el viceministro de Fomento para la Economía Cultural y presidente del Centro Nacional del Libro (Cenal), Raúl Cazal, quienes el pasado 16 de octubre suscribieron con el FCE una alianza para lograr la distribución en Venezuela de estos libros a través de la red de Librerías del Sur, con la participación de Monte Ávila Editores Latinoamericana.
Entrega de ejemplares en Librerías del Sur
Este miércoles 17 se llevó a cabo una entrega de ejemplares en la Librería del Sur Elsa Morales, ubicada en la Galería de Arte Nacional situada en la capital venezolana.
Entre los ejemplares que se distribuyeron durante esta primera entrega se encuentran Gabriel García Márquez, con “Operación Carlota. Cuba en Angola” (Crónica, Colombia); Juan Gelman, con “Cómo tirar de la muerte” (Poesía, Argentina); Amparo Dávila, con “Música Concreta”; Miguel Ángel Asturias, con “Week-end en Guatemala” (Narrativa, Guatemala); Nona Fernández, con “Space invaders” (Narrativa, Chile); Alaíde Foppa, con “Viento de primavera. Antología poética (1945-1979)” (Poesía, Guatemala); Dante Liano, con “Réquiem por Teresa”; Piedad Bonnett, con “Los privilegios del olvido. Antología personal” (Poesía, Colombia).
El presidente de Librerías del Sur, Omar Rangel, explicó que el convenio entre el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través del Cenal y Monte Ávila Editores Latinoamericana, y el FCE de México contempla la distribución de 200 mil ejemplares en territorio venezolano.
Títulos de la colección se entregarán de forma gratuita en las 36 sedes de la red de Librerías del Sur a nivel nacional, así como en universidades, liceos, bibliotecas y circuitos comunales, detalló Rangel.
Los jóvenes, que estén en el rango de edades entre 15 y 30 años, podrán asistir a las Librerías del Sur los días jueves y viernes para adquirir un ejemplar.
Durante la entrega de obras literarias en la Librería del Sur Elsa Morales, el estudiante Yirvy López destacó la relevancia de esta política cultural para fomentar el pensamiento crítico frente al consumo masivo de información en redes sociales. Por su parte, la joven Ahran Marcano señaló la importancia de ofrecer temáticas diversas para despertar la curiosidad intelectual de la juventud.
El resto de la colección “25 para el 25” que estará disponible próximamente en Librerías del Sur incluye a Luis Britto García — Habla palabra (Cuento, Venezuela); Manuel Rojas — El vaso de leche y otras historias (Cuento, Chile); Raúl Zurita — Poemas (Poesía, Chile); Roberto Fernández Retamar — Poemas (Poesía, Cuba); Miguel Donoso Pareja — La muerte de Tyrone Power (Narrativa, Ecuador); Roque Dalton — Las historias prohibidas de Pulgarcito (Poesía, El Salvador); Carlos Montemayor — Guerra en el paraíso (Novela, México); Fabrizio Mejía Madrid — Disparos en la oscuridad (Novela, México); Adela Fernández — Duermevelas (Cuento, México); Guadalupe Dueñas — Zapatos para toda la vida y otros cuentos (Cuento, México); Sergio Ramírez La marca del Zorro (Narrativa, Nicaragua); José María Arguedas — Agua (Cuento, Perú); Blanca Varela — Canto villano (Poesía, Perú); Eduardo Galeano — La maravillosa vida breve de Ernesto Guevara (Narrativa, Uruguay); Mario Benedetti — Geografías (Cuento y poesía, Uruguay); Osvaldo Bayer — Los anarquistas expropiadores (Ensayo, Argentina); Juan Carlos Onetti — El infierno tan temido y otros cuentos (Cuento, Uruguay); Andrés Caicedo — El atravesado (Cuento, Colombia) y Eduardo Rosenzvaig — Mañana es lejos (Crónica, Argentina).
A principios de la década pasada leí dos libros que tenían que ver con Guillermo Saccomanno. Uno, El oficinista, de su autoría, Premio Biblioteca Breve 2010 de Seix Barral, que me dejó la amarga sensación de la construcción de una historia con hechos cotidianos, mínimos, a veces asfixiante. El segundo, Trilogía de Entre Ríos, cuya autora es Perla Suez, pero tiene un prólogo firmado por Saccomanno del cual extraje algunas notas que sirven tanto para la obra de Suez como para su más reciente libro, Arderá el viento, que obtuvo el Premio Alfaguara de novela 2025.
El prólogo comienza con la memoria y crueldad que revelan las palabras, las sospechas que estas traen a cuestas. Y es que “el acto de sospechar, constituye, ni más ni menos, una moral de la escritura: sospechar de la palabra. Porque en la sospecha hay un saber. Así como la paranoia siempre tiene algo de razón: Kafka, el mejor ejemplo”.
Ante la advertencia de Saccomanno, uno se percata que siempre hay que sospechar, en especial, de una novela que lleva por título Arderá el viento. Sabemos de antemano que hay una tragedia, pero luego nos percatamos que es más que una tragedia porque todos los personajes están implicados en esta historia que se divide en dos: “Nosotros” y “Ellos”.
No basta con decir que está contada en dos partes, si no que la primera consta de un párrafo, en donde se expone los hechos desde la aparición del cadáver, o más que los hechos, los involucrados en la historia de un pueblo, y la segunda, de 127 párrafos. No las conté. Están numeradas, porque la historia, que son muchas historias —de acuerdo a las versiones de cada personaje— tiene la virtud de ser armada con un tempo que, para contarla, basta un párrafo. No importa que tan corto o largo sea, es un párrafo, es una historia, son muchas historias.
Las referencias sobre literatura y música dan pistas al lector. El ritmo está marcado, bien sea por Maurice Ravel o el grupo ABBA, pero en todas el piano es protagonista y si no hay, no importa.
Una vez internado en Arderá el viento, no es casual el comentario: “El Concerto pour la main gauche en ré majeur, más conocido como el Concierto para la mano izquierda, se compone de un solo movimiento con las variaciones de dos contrarios. Empieza con un clima oscuro. El piano tiene una irrupción magnífica y enfrenta la orquesta”.
A veces el piano va solo, con las dos manos del ejecutante. La izquierda no está solitaria, como sugiere el nombre del concierto de Ravel. A ratos, hace un juego junto a la orquesta, pero no me crean, no soy especialista en esta área.
Arderá el viento también se enfrenta a una orquesta conformada por la nominación lacónica que el autor refiere cuando parte la historia en “Nosotros” y “Ellos”.
Una vez que aparece el cadáver, los cinco tiros de una 9 mm, estamos al inicio, en “Nosotros” —supongo que uno se debe incluir—, en exponer quién es quien en esta historia, ahora queda indagar las variantes que puede tener la verdad si es que esta sirve de algo.
“Se estima que cuando uno empieza a escribir una narración —continua el prólogo de Saccomanno para Suez— parte de un saber tanto vital como de lectura. Pero basta internarse en la escritura para advertir que es más lo que se ignora que aquello que se supone conocer. Por eso los buenos relatos no son aquellos que dan respuestas sino los que abren interrogantes sobre la historia privada y la pública, la complicada red que conecta el infierno personal con el colectivo. Compartir un enigma conflictúa”.
De alguna manera hemos participado en un crimen así no hayamos sido ejecutantes, formado parte del móvil. Basta con una palabra, una mirada, incluso con el silencio, que puede ser el crimen más atroz, que generalmente va acompañado de la indiferencia.
Guillermo Saccomanno está armado de un pulso literario adiestrado por “la materia con que trabaja, el lenguaje, su dúctil y engañosa maleabilidad”. Si usted está dispuesto a ver retratada una sociedad a propósito del infierno de un pueblo, se va a percatar que el viento siempre está presente, así como la literatura.
Si se mira con detenimiento El jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch, El Bosco, se tendrá un buen punto de partida para abordar la novela Arderá el viento, del argentino Guillermo Saccomano.
La asociación es pertinente, antes que nada, porque Arderá el viento es una novela que tiende, con toda intención, a lo visual y lo escénico. Sus breves fragmentos bien pueden asociarse con las escenas de una producción fílmica, como lo afirma Saccomano en una entrevista. En ella todo invita a imaginarla sobre un escenario.
Tan clara es esta relación con lo escénico que en algún momento el narrador asume la voz de ese espectador molesto que, desde un asiento vecino al nuestro, cuenta por adelantado lo que está por suceder en la película: “Esta es la parte en que la mujer del malvado lo traiciona y encuentra las pruebas para que la Justicia lo condene. Y acá se suspende el capítulo de la miniserie de esta noche en que Dante piensa que las historias turbias de la Villa podrían ser funcionales para la construcción de una miniserie donde los personajes se conectan, como en la vida real, a través del sexo, la ambición, el crimen.”
Los indicios de esa vocación por lo visual abundan. El primer fragmento de la novela, por ejemplo, contiene una especie de dramatis personae, como suele aparecer en las obras de teatro; o, mejor aún, un casting, como se deja establecido en el propio texto.
La asociación con El Bosco tiene sentido también si se inquiere por el lado de la anécdota. Cierto que la novela no se presta para ser equiparada formalmente con un tríptico, pero no es menos cierto que hay en ella una evidente progresión que va de lo paradisíaco a lo infernal, con un largo intermedio de placer y lujuria, tal cual en El jardín de las delicias.
La particular familia, de aparente orígen hungaro, sobre la que se centra la historia, ha llegado a ese sitio porque sus miembros lo conciben como un “paraíso ario”, sin que importe el hecho de que finalmente termine siendo “el paraíso de los negocios sucios”.
Tampoco es mera coincidencia que el desarrollo inmobiliario, que unos sospechosos empresarios mexicanos pretenden construir, esté destinado a llamarse Paradise Harbor.
De ese inicial paraíso se pasa a la estancia más larga de la novela, que está dedicada al placer. Moni, el personaje femenino alrededor de quien se teje toda la historia y alrededor de quien se desenvuelve el resto de los personajes, está marcada por la lujuria, la real y la otra, la imaginada, que ella trata con ahínco de representar en un finalmente fallido proyecto de novela.
Tomada de una personal ninfomanía, Saccomano ha creado a Moni como un personaje que no deja títere con cabeza a la hora de poner en acción sus dotes de cama. Una mujer seductora, real y figuradamente, para quien el sexo es, a la vez, instrumento de placer, de aprovechamiento y, por ende, de corrupción.
Y en esto de la corrupción Saccomano ha alcanzado, de manera magistral, el desideratum de toda obra artística de ir de lo particular a lo universal. Con toda certeza, el primer pensamiento que viene a la mente del lector, a medida que se adentra en la novela, es aquello de “pueblo pequeño, infierno grande”; pues no hay manera de reducir semejante ruindad colectiva a un aislado rincón del mundo. Ese conjunto de personajes y sus degradadas peripecias son un reflejo inevitable de una humanidad que ha perdido toda orientación moral. No hay un solo personaje, a lo largo de la historia, que merezca, de algún modo, la piedad del lector.
Arderá el viento de Guillermo Saccomanno consuma la alegoría moral de El Bosco. La novela traza la aparatosa decadencia de una sociedad empujada por la líbido y la corrupción hacia un verdadero infierno terrenal.
Un infierno con un omnipresente tufillo nazi, nada extraño, por cierto, a la experiencia histórica de Argentina como refugio de personeros del tercer Reich.
Quienes consideran la Villa un paraíso ario son quienes están presentes “en el momento en que la radio anuncia el final de un año y el comienzo de otro se alzan los aplausos, los gritos alegres y las copas desbordantes mientras los invitados entonan el himno compuesto por Joseph Haydn: Deutschland über Alles.” De fragmento en fragmento, Saccomano ha construido este llamativo concierto de la maldad que lentamente marcha hacia un proceso de purificación colectiva cuya violencia bien puede asimilarse al infernal último panel del tríptico de El Bosco.
La actualidad hace que las editoriales como El perro y la rana se aboquen a los temas de urgencia. Es por ello la presentación de “La injerencia de la CIA en Venezuela”, del escritor cubano José Luis Méndez Méndez.
La presentación estuvo a cargo del presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto, y del ministro del Poder Popular para la Cultura, Ernesto Villegas. Fue acompañado por el viceministro de Fomento para la Economía Cultural y presidente de El perro y la rana y del Centro Nacional del Libro (Cenal), Raúl Cazal y el presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos y Caribeños Rómulo Gallegos (Celarg), Pedro Calzadilla, en la Librería del Sur Frida Kahlo ubicada en el Celarg, en Caracas.
Con base en archivos desclasificados, investigaciones históricas y entrevistas que revelan el uso de redes de terrorismo y operaciones encubiertas por parte de la CIA en Centroamérica y Latinoamérica, el libro del historiador y académico cubano Méndez Méndez organiza y contextualiza eventos recientes en Venezuela donde se explora el papel de agentes infiltrados, la actuación de sectores de la oposición de ultra derecha y tácticas de guerra psicológica y económica, todo vinculado a una agenda geopolítica imperial de los gobiernos de Estados Unidos.
En ese sentido, el ministro Ernesto Villegas señaló que el libro de Méndez Méndez, que ofrece una mirada histórica y crítica a mecanismos de intervención extranjera en la región, es “un aporte de acuciante actualidad” y representa un cambio fundamental en cómo se difunde la información. “Lo que antes había que descifrar y conseguir la prueba madre, ahora sale publicado en una red”, expresó.
Además, Villegas destacó el papel de El perro y la rana, a cargo de la edición de la obra de Méndez Méndez, como una “vanguardia editorial de los pueblos de Nuestra América”. Resaltó la importancia de las publicaciones que emergen con rapidez y pertinencia, afirmando que “El perro y la rana realmente es una trinchera de combate” que refleja la urgencia y la relevancia de sus temáticas.
Villegas no solo celebró la labor de esta editorial, sino que también destacó espacios como el Celarg, que ha logrado “exorcizar” sus orígenes en el camino hacia una vanguardia literaria compartida por naciones como Venezuela y Cuba, reafirmando su compromiso de ofrecer voces fuertes y necesarias en el contexto actual.
Abel Prieto, escritor y presidente de la Casa de las Américas, destacó la importancia de la publicación de Méndez Méndez y sus análisis para informar a nuevas generaciones, particularmente a los jóvenes que sucumben a la guerra cognitiva en redes sociales, y en la que, acotó, la CIA tiene su sello.
“Hay que darle libros a los jóvenes, porque en las redes sociales pasan de un tema a otro, se les fragmenta la imagen de la realidad. Todo eso es la famosa guerra cognitiva”, alertó Prieto.
La sombra de la CIA
Por su parte, el viceministro de Cultura y presidente de El perro y la rana y el Cenal, Raúl Cazal, destacó que “este libro viene con el propósito de mostrar todo el papel que ha tenido la CIA en Venezuela en los momentos actuales”, mediante un trabajo de contextualización y actualización hasta la fecha que evidencia cómo el accionar de la CIA ha evolucionado y no ha desaparecido, participando en asesinatos de presidentes, generando golpes de Estado y manteniendo dictaduras.
“Estamos para desactivar las mentiras y decir la verdad”, destacó sobre el trabajo de El perro y la rana en la edición de la obra.
Esta casa editora igualmente público de Méndez Méndez, en 2018, su libro Venezuela y la contrarevolución cubana, que muestra la vigencia de los lazos que hermanan a la nación venezolana con Cuba frente a acciones como la Operación Cóndor y múltiples formas de embate contrarrevolucionario promovidos por los Estados Unidos que no han podido quebrantar el hilo conductor de la Patria Grande.
Cazal recordó que la CIA tiene un historial en Venezuela, por el dominio de sus recursos, y que sigue todavía trabajando articulada y encubierta, “aunque tienen la orden de hacerlo de manera de frente, como decimos aquí en Venezuela”.
“Eso es lo que nosotros tenemos que mostrarle al mundo, lo que está sucediendo. Que además de todas las riquezas, además de todo el petróleo que es la gran reserva mundial que tenemos en Venezuela, pues hay una soberanía y hay un derecho internacional que este señor (Donald Trump) lo está llevando al tarro de basura”, dijo.
Tal como simboliza el diseño de la portada del libro, “esa ave que está tan lejos, que parece un pájaro inofensivo, el reflejo termina siendo esa sombra que siempre ha estado desde que se creó la CIA”, apuntó el viceministro Cazal.
Una publicación oportuna
El historiador Pedro Calzadilla explicó que el libro tiene dos partes: “una sobre los temas más recientes de la CIA en Venezuela, hablamos desde el 2015 hasta el 2025, y la parte histórica, que se refiere a la etapa de los años 60”.
Indicó que la publicación se edita en un momento muy oportuno, “porque estamos en el pico de las agresiones del imperialismo norteamericano y, por supuesto, de las acciones encubiertas que hace la CIA en Venezuela y muchas cosas más que quizás no vemos, pero ocurren”.
El autor del libro, José Luis Méndez Méndez, nacido en La Habana en 1948, cuenta con una trayectoria destacada como historiador, profesor, investigador y diplomático. Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad de La Habana, posee un doctorado en Ciencias Jurídicas y una maestría en Ciencias Políticas.
Ha publicado más de treinta libros en varios países, entre ellos La historia íntima de Luis Posada Carriles en la CIA (2017) y Escándalo Irán-Contras: conexión Miami (2025), lo que refleja su compromiso con la historia y el derecho internacional, así como su lucha por la verdad.
Además, ha sido galardonado con el Premio Nacional de la Academia de Ciencias y la Distinción Especial por sus investigaciones en Ciencias Sociales.
La obra de Méndez es esencial para académicos, estudiantes y cualquier persona interesada en las implicaciones de la intervención extranjera en la soberanía de los países latinoamericanos.
La 21.ª Filven Táchira se convirtió en una celebración de la palabra y la cultura, destacando la participación de escritores, editoriales, libreros, artesanos y cultores en el fomento de la historia local.
En la jornada de cierre se presentó el libro “Tatuco: Trabalenguas y retahílas”, de Balbino Loreto Zambrano, una obra que refleja la conexión del labriego campesino con su entorno. Enfatiza la herencia cultural andina, valorando la tradición frente a la influencia de elementos externos que amenazan la naturaleza y las costumbres locales. A través de cantos y descripciones vivas de personajes, la obra busca celebrar y preservar el folklore de los pueblos, invitando a la lucha por mantener vivas sus tradiciones.
Al cierre de este capítulo regional también se reconoció la labor de escritores y se rindió tributo a la trayectoria del homenajeado regional, Luis Hernández, cronista de San Cristóbal.
Isley Carrero, directora general del Gabinete del Estado Táchira, agradeció a las autoridades y al pueblo de la entidad andina que asistió al salón de lectura “Ateneo del Táchira”, para sumarse a las actividades de la feria. En especial, resaltó la importancia de estas iniciativas para fomentar la lectura y escritura entre los niños, niñas y jóvenes.
“Estamos orgullosos y felices de haber cerrado esta feria, y deseamos con ansias la próxima edición. Hay un trabajo grande por hacer en la promoción de la lectura y escritura”, afirmó Carrero, quien llamó a seguir respaldando los esfuerzos por el fomento de la cultura. Además, destacó el compromiso de los tachirenses por continuar promoviendo el amor por los libros con dedicación y humanidad.
Además de difundir la obra de escritores nacionales y locales, la feria estimuló la lectura entre los más pequeños con el pabellón infantil, que ofreció un mundo mágico con actividades como “Coloreando la Navidad”, pintacaritas y cuentacuentos.
El espacio dedicado a niños y niñas cerró con las actuaciones de mimos, brindando momentos únicos a los pequeños.
Obras para el disfrute de los tachirenses En los tres días de la Filven Táchira, que se efectuó entre el 3 y el 5 de diciembre, se presentaron obras publicadas por editoriales públicas y privadas, como “La turpialita vuela en notas de un violín”, de Abrahan Colmenares; “Brote santo”, de Ernesto Román; “Efigies del bosque”, de Alejo Vivas; “Identidades espontáneas e inducidas” y “Educación intercultural bilingüe para los pueblos indígenas de Venezuela”, de Esteban Emilio Mosonyi.
Los lectores tachirenses también conocieron títulos como “Adioses”, de Aldemar Gamboa; “La prensa en el estado Táchira, 1844-1957”, de José Amable Escalante Labrador; “Pueblo in vitro: la ocupación del espacio en el nuevo territorio administrativo del Táchira, 1856-1889”, de José Antonio Pulido Zambrano; “Queniquea: un centro poblado del estado Táchira entre los siglos XVI y XIX”, de Ricardo León Castro Sánchez; “Sueños de cama”, de Niurka Valera; “Raíz de agua”, de Marcela Lunar; “Inteligencia artificial y estupidez natural”, de Jorge Millones.
Asimismo, fueron presentados los libros “Invierno de gracias” y “Palabra de hoja seca”, por Zócalo Editores; “Teatro del desencanto”, de Aníbal Grunn; “Tiempos”, de José Gregorio Cabello Patiño; “Milagro en la sala de espera”, de Marco Sierra; “La tentación de las perlas, tomo 1 y 2”, de Marc de Civrieux; “La presencia de Bolívar en Trujillo”, de Ubaldo García; “Complejos del ser humano”, de Armando Guerra, y “María Lionza. Divinidad sin fronteras”, de Daisi Barreto.
La 21.a Filven Táchira, que ofreció 32 actividades entre presentaciones de libros, exposiciones artísticas, conferencias y conversatorios, fue organizada por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, a través del Centro Nacional del Libro (Cenal) y el Gabinete Estadal, en coordinación con la Gobernación del estado.
La 21.ª Filven Sucre se inauguró en la ciudad de Güiria, capital del municipio Valdez, ubicada en la costa sur de la península de Paria con acceso al mar Caribe, históricamente reconocida como escenario clave en la gesta independentista de Venezuela y que este 8 de diciembre cumple 258 años de su fundación.
Una comparsa musical de niñas y mujeres de la localidad dio la bienvenida a los asistentes a la inauguración de esta feria, instalada en los alrededores de la plaza Bolívar de la ciudad.
En el acto participó Román Rojas, alcalde del municipio Valdez, quien expresó su satisfacción por el desarrollo de este evento tan importante para la cultura, que coincide con la celebración de los 258 años de Güiria.
El alcalde destacó cómo el pueblo sucrense ha sido un bastión de resistencia ante las amenazas imperiales contra el Caribe, sin perder la sensibilidad y amor por su cultura local. “Aquí hay un pueblo leal que ha resistido pero que sigue soñando en grande”, manifestó.
El alcalde saludó a los autores invitados a la feria, Gustavo Silva, activista, escritor especializado en afrovenezolanidad e investigador cultural, y César Franco Rivero, cultor popular natural de Manicuare, autor de cuentos, poemarios y obras de teatro infantiles.
La directora del Gabinete Estadal de Cultura de Sucre, Omaira Gutiérrez, resaltó la fuerza del pueblo cultor y el apoyo a los movimientos culturales que han definido a la región.
Variedad de obras y gran encuentro cultural
Tras la ceremonia inaugural, las autoridades realizaron un recorrido por el recinto ferial. Participan editoriales públicas, privadas e independientes, así como diferentes instituciones, con un abanico de obras de gran interés y variedad temática.
Está Librerías del Sur con novedades literarias de El perro y la rana, Monte Ávila Editores Latinoamericana y Biblioteca Ayacucho, editoriales adscritas al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Asimismo, se encuentran publicaciones del Fondo Editorial IPASME César Solorzano, la Defensoría del Pueblo, la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, la editorial Trinchera, entre otras.
Además, a propósito de conmemorarse este 8 de diciembre los 258 años de Güiria, la Filven Sucre acompaña al 2do Festival Internacional de Cine Gran Mariscal de Ayacucho (Fecigma) y a la 3era Expoferia Cultural de la ciudad, que de manera simultánea se han desarrollado entre presentaciones musicales, teatrales y dancísticas para el disfrute de los asistentes.
La 21.ª Filven Sucre, un espacio para el encuentro, la lectura y la generación del pensamiento crítico, estará abierta hasta el domingo 8 de diciembre.